Compartir una ensalada frutal

“Compartida la vida es más” decía o dice el slogan de Master Card.
En otro momento de mi vida me hubiera fastidiado mucho que se banalice tanto un concepto tan profundo.
Que se desubstancialice.
Ahora que entiendo que el que lee, no es menos que el que escribe, entiendo que por más que quien escriba, diga algo muy sustantivo, si no hay conexión semántica en quien lee, si no hay sintonía…
Y como nadie es igual que otro… ¡por suerte! distorsión desintonizada siempre habrá y mucha.
Crea quien escribe.
También crea quien lee.
Entre crear y recrear no hay sustancial diferencia.
Compartida la vida es más.
Compartida con un universo alrededor, seres vivos, plantas.
Compartida con muchos encuentros que nos circundan.
Compartida no encarcelada.
Compartida no coartada.
Compartida no forzada.
Y nuestro sueño cultural idealizado, compartir un mundo con tu jugo de media naranja.
Media naranja mecánica.
Para mí que es mejor compartir una ensalada de frutas.
En ella está tu hermana, tu amigo, tu familia, tu amor imposible que en algún momento te dio un atisbo de posibilidad.
Sí…, por ahí cuando tenías 14 años o antes, te enamorabas de una persona que no te daba ni la hora. Pero ahora ya no. Tus amores imposibles tuvieron un alguito de posibilidad no consumada. Un alguito de encuentro.
El impulso al encuentro que da lo sexual, o debería decir lo sensual que no tiene porqué consumarse en sexo.
Lógico que en la ensalada también está tu pareja, pero es una fruta más, con significativos momentos de trascendencia con relación al resto de las frutas en el gustito que da al paladar.
Una fruta más, dentro de ese universo que es el jugo de frutas.

Escrito por Victoria Calvete

Victoria Calvete (Montevideo, Uruguay, 1986). Escribo de vez en cuando... así que comparto algunas cosas para quien guste leerlas.
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