ACT UP y la huella de las alianzas colectivas

La cuarentena trajo aparejado el crecimiento exponencial de la creatividad y la democratización de contenidos culturales. Recientemente, la Embajada de Francia en Argentina difundió la película 120 pulsaciones por minuto (120 battements par minute) que, en la voz sus personajes, da cuenta de la organización ACT UP y su lucha política.

En 1987, un grupo de activistas fundó en New York la organización ACT UP, acrónimo de AIDS Coalition to Unleash Power (Coalición del sida para desatar el poder), una iniciativa que rápidamente se replicó en otras partes del mundo. La red de tinte anarquista, sin líderes y con una organización basada en comisiones se difundió también en París, locación en la que se desarrolla el film. El objetivo de la coalición era impulsar políticas públicas, legislación y medidas de asistencia para los pacientes afectados por el VIH.

La producción es interesante porque, sin ser un documental, combina la ficción con imágenes de la vida real. El largometraje comienza dando cuenta del escenario que se vivía en la década del 90 en torno a la enfermedad: una época marcada por el temor, el miedo al rechazo y la discriminación hacia las identidades sexo genéricas disidentes; para luego centrarse en la vida de Sean (protagonizado por el actor argentino Nahuel Pérez Biscayart) y su vínculo con Nathan.

La organización ACT UP se fundó en el Centro para la comunidad lésbica, gay, bisexual y transgénero de New York. Silence = Death fue una de las tantas frases a partir de las cuales la agrupación buscaba interpelar a la sociedad. Sus movilizaciones combinaban la virulencia con la creatividad a partir de frases ingeniosas, atuendos llamativos, performances y consignas con una fuerte carga política.

Robin Campillo, quien además de dirigir el film participó del guión, se describió a sí mismo como “un militante de ACT UP en los años 90” lo que explica la exhaustiva caracterización de cada uno de los escenarios que forman parte del largometraje, entre ellos, el ámbito universitario en donde se realizaban los debates, las reuniones de los activistas con los líderes de las farmacéuticas, los escraches (repudios) a los laboratorios y las movilizaciones en las calles. El sometimiento a tratamientos nocivos que afectaban la salud de los pacientes afectados por el VIH, como así también la falta de respuestas de parte de los Gobiernos, fueron algunas de las problemáticas de la época que se visibilizan en la película.

El film permite dar cuenta del compromiso político y el uso del cuerpo como una herramienta de lucha, algo que -como se aprecia diariamente- no dista de las movilizaciones que motivan las luchas contemporáneas.

La película termina con un final anunciado pero revelando que son posibles las alianzas colectivas que incentivan a la conquista de derechos. En un contexto en el que las narraciones prácticamente solo alientan al consumo, resulta interesante destacar otros tipos de producciones que, como esta, promueven la construcción de sociedades más equitativas y justas.

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