La amistad surrealista entre Remedios Varo y Leonora Carrington

“El surrealismo reclama toda la obra de una hechicera que se fue demasiado pronto”.

André Breton a la muerte de Remedios Varo en 1963
Remedios Varo y Leonora Carrington

La amistad que fraguaron las pintoras Leonora Carrington y Remedios Varo duró casi toda una vida, dando fruto un maravilloso universo repleto de magia, imaginación, surrealismo y habitado por lo imposible.

Ambas pintoras se conocieron en París, en el año 1936. Leonora era inglesa, hija de un magnate de la industria textil. Sus padres la desheredaron cuando comenzó su relación amorosa con Max Ernst (pintor surrealista). Remedios era española (nació en Gerona, España) nueve años mayor que Leonora. Su vida fue más sencilla, pasando su infancia en un internado de monjas (su madre era muy religiosa y la internó allí). Pero su familia le incentivó su interés por el arte, graduándose en La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (siendo una de las primeras mujeres en estudiar en dicha academia). El destino las quiso volver a unir, exiliándose ambas en México (1941), por la guerra y la situación política del momento.

Leonora Carrington y Max Ernst
Remedios Varo en su estudio (década de los 50)

Ambas pintoras se iniciaron en el movimiento surrealista. Inspiradas por el mundo del subconsciente y los sueños, generaron con sus pinceles una peculiar cantidad de obra pictórica. Trabajaron tan unidas que por momentos es difícil distinguir la autoría de sus pinturas. 

En la obra de Remedios se puede apreciar la influencia del trabajo de su padre, era un ingeniero hidráulico. Es por ello que hay presencia de mecanismos mecánicos y engranajes en sus diseños pictóricos. Hay una gran impronta de las artes científicas. Representaba sus miedos a través de personajes que portaban máscaras que ocultaban sus verdaderas identidades (sus diferentes yos, recordando las teorías psicoanalíticas de Sigmund Freud).

“Witch going to Sabbath”, 1957, Remedios Varo
Sympathy” , 1955, Remedios Varo
“Farewell”, 1957, Remedios Varo

La pintura de Leonora tenía un carácter más autobiográfico y menos onírico. Representaba su deseo de rebeldía, a través de vestiduras masculinas en autorretratos y cabellos revueltos. También su obra se ve influenciada por el concepto estético-poético mexicano. 

“La posada del caballo del Alba”, 1936-1937, Leonora Carrington
“El mundo mágico de los mayas”, 1964, Leonora Carrington
“Bird bath”, 1974, Leonora Carrington

Además de la pintura, compartieron su independencia llena de creatividad personal. Causaba revuelo su estilo de vida “tan poco convencional”, pues no seguían los cánones femeninos del entonces.

Ellas eran artistas, y querían gozar de la libertad que se merecían. No querían pasar a un segundo plano como musas de otros pintores y poetas. Ellas querían ser las dueñas de su propio arte.

El exilio a México no hizo más que reforzar esta amistad y sinergia creadora. El paisaje mexicano, árido y desierto, el calor y los vivos colores, marcaron e influenciaron su obra de forma notoria. 

“Valoraba demasiado mi tiempo y tenía demasiado trabajo intentando ser artista y rebelándome contra mi familia como para hacerle de musa a nadie”. (…)  “Una vez Joan Miró me mandó a buscarle cigarrillos y tuve que decirle que podía írselos a buscar él mismo, no me amedrentaban”.

Leonora Carrington

Su sed por la experimentación y el arte era insaciable, llegando a crear obras de teatro de manera conjunta (en donde diseñaban el vestuario y escenografía) e incluso escribieron poesía y mantuvieron correspondencia de estilo surrealista.

Remedios Varo llevando una de sus curiosas esculturas (1940-1950)

Cuando no estaban con pincel en mano, les gustaba crear recetas de cocina imposibles, con ingredientes mágicos, irreales y extravagantes. Es obvio que no las llevaban a cabo, pero era un juego divertido que les gustaba hacer.

Su obra es un viaje al interior de cada una de ellas. Utilizaban la pintura como una vía de introspección personal. Plasmaban sus miedos, inquietudes, filosofía y como no, su mundo onírico. Las protagonistas de sus historias eran curiosas criaturas y seres femeninos con rasgos animales. A Leonora le gustaba representarse como un caballo blanco, símbolo inequívoco de la libertad. Remedios en cambio, solía representarse como seres alados y ambiguos, escondidos en extensos ropajes. 

La pintura se convirtió en la ventana a su alma atormentada por la guerra y también a su universo mágico y esotérico. Plasmaron con gran fuerza su psique artística.

Leonora Carrington en su estudio (1950 aprox.)

No me gusta hablar de mi pintura o de la pintura en general porque es algo muy abstracto, muy subjetivo. No hay nada que explicar”

Leonora Carrington

Esta búsqueda constante del yo, del diálogo interior, y ese anhelo por una estabilidad emocional y paz, hizo que rescataran los postulados originales del surrealismo, ya que este está en contacto con la parte más real de nosotros, el subconsciente, donde se hallan las entrañas de nuestro ser. 

Su pintura adquiría más y más un contenido místico; a mí me encantó desde el primer momento, y admiraba su técnica y la habilidad con que procedía. Pero yo no tenía (y sigo sin tener) la suficiente capacidad y la apertura para adentrarme en profundidades de ella. Mi educación demasiado “científica” y tradicionalista me lo impedía. Esto me privaba de participar en las preocupaciones y reflexiones que compartía, detrás de puertas cerradas, con Leonora Carrington: la Cábala, la alquimia, el tarot, la magia, las ideas esotéricas (…) 

Walter Greuen, refugiado político austriaco con quien Remedios Varo se casó en 1952, escribió esta cita en su autobiografía

Muchas obras de estas maravillosas artistas pertenecen a colecciones privadas aunque algunas se pueden ver en distintos museos y espacios públicos de la ciudad de México, como  las esculturas  de Leonora Carrington en la colonia Cuauhtémoc o el mural de Remedios Varo en el Instituto Nacional de Cardiología.

En 2016, la autora Estela Leñera Franco estrenó su obra “Remedios para Leonora” en la que recreaba este maravilloso lazo de amistad.

El fuerte lazo que unía a estas dos artistas es único y maravilloso. Generó una sinergia que influenció posteriormente a otras pintoras surrealistas y del género naive.

“Un personaje delirante, maravilloso. Un poema que camina, que sonríe, que de repente abre una sombrilla que se convierte en un pájaro que se convierte después en pescado y desaparece”.

Octavio Paz sobre Remedios Varo

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