Tinta joven: Astro Damus y la herida fundamental

Astro Damus es una poeta que, al reconocerse en la herida profunda de la noche, se detiene al borde para vislumbrar su condición lunar y así profundizar sus diversas fases o mutaciones.

Estas fases, traen a la luz un rito poético matizados en colores como el rojo, negro y blanco.  El rojo es la sangre de todas las hermanas que ya no están, que les han arrancado la vida por su condición de ser mujer o también el de una luna sangrante que podemos invocar para atraer su fuerza y resistir ante una realidad patriarcal; el blanco peculiar de un conejo escondido en la luna, y el negro de la noche (la noite) como una entidad reveladora oscura.

En sus letras todo arde y se consume, aunque también busca crear un techo de palabras para encontrar en el vacío un hogar, un lugar donde el caos del mundo por un momento se disipe. Esa morada, a pesar de mostrarse como una breve esperanza, no nos salva de la herida fundamental de nuestra naturaleza femenina. Porque si bien todos tenemos una herida o desgarradura que necesitamos reparar, como dice Pizarnik, las mujeres tenemos una herida aún mayor, por nacer en un mundo que nos oprime y del cual debemos defendernos, resistir y crear nuevos caminos, nuevos símbolos que revolucionen nuestras fuerzas y esencia salvaje-clarividente.

De tal modo, las imágenes que nos brinda Astro Damus, nos vislumbran que al ser consciente de esa herida fundamental mediante la poesía (y sin duda, por la experiencia de ser mujer) se arriesga a explorar las diversas aristas que componen esa desgarradura, cual aleph femenino: la madre y esposa infeliz, la infértil, la joven asesinada o desaparecida y la que nada todos los días en el océano púrpura de golpes y maltratos. Poemas como “Los hijos del mazapán” nos lo dicen: Ahora tengo pa mí solita el mar, /me lo ha regalado mi marido: un océano púrpura de puños/ me espera siempre en casa/ cuando llego sin haber vendido/ un solo mazapán.

Trágico aleph el que nos lleva a un mismo punto de partida: la condición de ser mujer.
Nuestra condición, sin embargo, no se puede reducir a esto. Y poesía como la de Astro Damus, nos lo enseña también en el poema “Podio de mujeres”:

Soy mil colmenas de barro vibrante/ donde viven miles de niños de leche. /Soy los túneles infinitos en lo subterráneo/ de mi silencio que hace ruido. / Mis manos de pesado aire. / Mi mirada de tierra mojada. / Mi corazón es una catapulta sin tino/ siempre dispuesta a disparar. 

En esta ocasión, en el poema “Rojo que te quiero roja”, nos muestra un lado de la herida fundamental que cargamos pero que buscamos erradicar a través de nuestra voz, que sólo molesta a aquellos que nos consideran moneda de cambio, territorio conquistable. Pero si de algo tenemos certeza, es que, entre mayor incomodidad, los pasos de madres y abuelas, hermanas y amigas reverberarán con más fuerza.

Roja que te quiero roja

En homenaje a “Verde que te quiero verde”

de Federico García Lorca

Roja que te quiero roja,
roja mujer, roja loba.
El camión en la acera,
los cuerpos en la barranca.

Con la noche en las pupilas
eres un jirón blanco;
roja niña, carne roja;
tu sueño, volver a casa.

Roja que te quiero roja.
Bajo la noche de tu voz
incendias todo y la niebla
la conviertes en palabra.

Roja que te quiero roja.
Tu sombra es aquí la luz
en donde tu cara se ha ido
para ya no volver nunca.
La gente pasa sin verte,
el viento ya no te nombra,
perros ladran en tu sitio,
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Tú ahí sigues encerrada,
roja niña, pelo rojo,
soñando estar con tu madre.

-Jefecito, quiero cambiar
cuatro yeguas por su hijastra,
mi dinero por su molla,
su silencio por más tierra.
Jefecito, traigo los pies
mojados y el pellejo bien
henchido del cielo gringo.

-Muchacho, si yo pudiera
te daba todo lo mío:
arroz, maíz, dos hijas,
pero las otras no siguen
en este pueblo del infierno.
Llegó un altote como tú y
se las ha llevado lejos.

-Vengo de un lugar remoto,
allá del norte, donde
el dólar no conoce ni
fronteras ni de pobreza.
No importa si me da poco,
¿No ve la herida que traigo
morena como el desierto
donde dejan marcada su
cuchilla los hombres recios?
-Cientos de estrellas rubí
tienen tus pieles de yodo.
Tu sangre es un bramido que
recuerda la muerte y el hambre.
Pero yo me quedaré
solo, sediento y sin moza.
¿Qué tan caro pue de ser
vender el alma a un dólar?
-Déjeme ir a su alcoba,
¡Déjeme subir y llevarla!
Volveré pronto con ella
envuelta en mil verdes fajas.

Ya sube el muchacho y la ve
diminuta noctiluca
libre en el mar de su sábana.
Está en camisón como
roto fantasma del alba.
Él la toma de la mano
y la rapta, sin oír
nunca más a su padre.

Roja que te quiero roja,
roja mujer, roja loba.
Ambos subieron a un coche.
Jamás plantaron paso
en tierras rubias del norte.
Casi al ser de madrugada
llegaron a un nido negro
de calandrias de ojos yermos,
tacones fríos, piernas cual
presas en redes aciagas.

-¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está mi pichoncito?
¿mi Virgen de lava? ¿dónde?
¡Cuántas veces la esperé!
¡Cuán tas veces esperaba,
rostro fresco, negro pelo
en aquel pueblo sin nada!

En el edén de plomo
sin su océano, a la niña
la dejaron desvestida
tras la luna sin vigilia.
Hombres sucios y borrachos
en la puerta golpeaban.
Roja que te quiero roja,
roja carne, rojo pelo.
El camión en la acera,
los cuerpos en la barranca.

Cientos de mujeres en un
foso hediondo y gimiente ya
habían sido envueltas en
fajas oscuras de plástico.

-Compadre, quiere morir,
decentemente en la cama.
Tener flores de cobijas
y un retrato de ella a lado.

-Compadre, tírela muy lejos,
tire su ropa, su canto,
haga su huella cenicero.
Deséchela ahí donde no
se escuche el ladrido de los
perros como fea esperanza.

Échela a hí donde está su
madre y su abuela y sus hijas
y también sus hermanas.
Hasta que el mundo recuerde
e insistentemente grite:

“¿Dónde está mi pichoncito?
¿Mi Virgen de lava? ¿dónde?
¡Cuántas veces la esperé!
¡Cuántas veces esperaba!”

Cleva Camila Villanueva López (Astro Damus)
Astro Damus es una escritora nacida en la CDMX. Estudió Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Cuenta con un poemario llamado Noche sin Fin, publicado por Ediciones A.M.M.V.V y está próxima a publicar otro poemario que lleva por nombre Sueños de la Urbe. Ha participado en diversos eventos de poesía como lo son:  el Festival Universitario de Literatura y Arte (FULA) en el CCH plantel Azcapotzalco, el Festival Mundial de la Palabra (WFB) en el centro histórico de la CDMX, el World Goth Day en el Centro Cultural la Pirámide, Libreando (festival de editoriales independientes) en el Centro Cultural la Pirámide, el Encuentro de Escritores Jóvenes y Letras Contemporáneas en la Alcaldía Cuauhtémoc, así como muchos otros más.
Actualmente se encuentra gestando, junto con otros poetas, el colectivo artístico Los Deambulantes, el cual busca llevar la poesía y toda manifestación artística de artistas emergentes a diferentes lugares de la Ciudad de México.

Si deseas consultar “Los hijos del mazapán” y “Podio de mujeres” puedes encontrarlos en la siguiente liga: https://www.revistainnombrable.com/2020/05/podio-de-mujeres-poemas-de-cleva-camila.html?fbclid=IwAR3ZewrFApfj9_9W7nkrYlVZMBToyPE–N9YYulxNMaxMsFBldA3cP0ZcKo

Y para consultar su anterior publicación titulada “La palabra”: https://revistatabaqueria.wordpress.com/2020/03/30/la-palabra-astro-damus/

Escrito por Brenda Cedillo

Brenda Cedillo, (1997) poeta. Estudió Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Colaboró en la antología Contra-canto (UNAM, 2014) de estudiantes de CCH’s a través del Torneo "Adversario en el Cuadrilátero", organizado por Verso Destierro. Posteriormente desembocó en Los Espejos Del mundo (UNAM, 2017), primer libro de poesía que desarrolló. También colabora en la Antología de literatura mexicana núm. 22, titulada: Ciudadela de Orfebres (Colectivo entrópico, 2018) Ganó el 2do lugar en el Torneo de Poesía Adversario en el Cuadrilátero 2017 de Verso Destierro. Ha sido publicada en diversas revistas y medios digitales como La Piraña, Tercera Vía y El Revueltas Times
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