“Eva no tiene paraíso” de Patricia de Souza

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“Eva no tiene paraíso”

Ensayo sobre las escrituras extraterritoriales y la autoficción

Patricia de Souza

Ediciones Altazor, 211

Editorial La moderna, 2017

 

“Eva no tiene paraíso” de Patricia de Souza (Perú 1964 – 2019) es un ensayo dividido en 6 partes que propone una reflexión sobre la situación extraterritorial de algunas escrituras actuales, la situación de la mujer sobre el lenguaje y sobre la historia de una lucha cultural por pensarse como autora y el problema deíctico que entraña el lenguaje. En estas partes se desentrañan muchos aspectos históricos, sociológicos y económicos, pero en todos de Souza matiza en la necesidad de pensar una nueva feminidad. En la introducción se nos recuerda que el malditismo para las escritoras mujeres en el siglo XIX no era una cuestión de distinción personal o marca de autor con un tipo de trabajo textual provocador para los valores imperantes, sino más bien una obligada situación de marginal, recordando el caso de Georges Sand al vestirse de hombre para dar firma a sus obras.

La escritura desde la extraterritorialidad es una idea que poco a poco va atravesando los textos, pero se instala ya como un movimiento insobornable en el ensayo “Exilio”. Aquí la persecución institucional y política por parte de un gobierno no se muestra de forma directa, pero de Souza si insiste en que ahora el mundo globalizado, con sus capitales en circulación desde el occidente del atlántico norte hasta el resto del mundo y viceversa, arrincona a los individuos, quienes tienen más dificultad de moverse por el mundo que los datos y las cifras macroeconómicas. Para la situación de la escritura. De acuerdo con Barthes en la elección moral de la escritura, de Souza reflexiona sobre la toma de postura de escribir en una primera persona mujer, con los eventuales riesgos y sabiendo de antemano construirse primero una personalidad fuerte y deconstruida de prejuicios históricos para así dialogar con lectores atentos, esperando de estos también un ejercicio de deconstrucción previo.

El lugar de lo neutro en el lenguaje y en el idioma es otra idea que instala la autora. Debemos recordar brevemente el paso histórico de los cambios categoriales y de creación de morfemas flexivos específicos para masculino y femenino del castellano. En el latín, teníamos un neutro que por una cuestión de analogía se redujo bastante en el paso del latín vulgar y el posterior romance castellano, quedando casi solo para pronombres átonos como “lo” y para tónicos como “esto” y “aquello”. Pero la división de lo neutro se disolvió tanto para masculino y femenino. El neutro de palabras terminadas en UM y en US pasaron a masculino (Corpus >cuerpo) mientras que los neutros en A pasaron a femeninos (Folia > hoja). Por su parte, las voces de procedencia culta conservaron el género etimológico, de allí que existan masculinos terminados en A (poeta, problema). Esto viene a colación por la tendencia actual de las mujeres que escriben poesía a denominarse también “poeta” y no “poetisa”, con el sufijo isa específico según la norma. Visto así, no podemos saber con certeza la intencionalidad de cada cambio cuando la lenguas evolucionan, pero sí debemos tener presente que cada cambio gramatical procede de los hablantes y es innegable que hay un proceso en marcha de reivindicación por el uso de determinadas palabras por parte del lenguaje inclusivo, el masculino no marcado y la feminización de ciertas actividades, en especial cuando son de cultura o profesiones.

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Para de Souza, la escritura es escritura, sin dejar de plantear el debate y la historiografía de marginalidad histórica. La escritora es escritora de literatura, de autoficción , similar a cuando Toni Morrison no optaba por la excesiva concatenación de adjetivos (mujer marginada activista negra norteamericana), dado que eso importa y no es excluyente, pero da cierta oportunidad para un sector conservador a delimitar y podría permitir la exclusión de una supuesta literatura sin adjetivos que sería la oficial y conformada por clásicos y por escritores “a secas” (Llevando al exceso por ejemplo, ciertas ideas de Bloom en “El canon occidental”). En el “Mito de Isolda” aparece bastante analizado. Una posición suplementaria, de adición a una figura masculina. Isolda con su comportamiento rompe esa gravedad binaria y emprende un viaje hacia la fragmentariedad: “Romper esos clichés, retirar esas máscaras, es un trabajo para un nuevo acomodamiento de conceptos e ideas. Sería un nuevo contrato”. (p. 66).

Katherine Mansfield entiende la obra con una marca personal, no diluida en una ambigüedad de tercera persona, mientras que Simone de Beauvoir instala la constante actualización de la persona, de su reinvención. Todo ello se da en el texto, según indaga en “Los rostros de la autoficción”. La división dual del signo lingüístico de Saussure (de Souza no opta por la demarcación ternaria de Blomsfield y el estructuralismo americano) da una preeminencia a lo masculino de forma mayoritaria cuando atendemos al significante. Desde acá, la autora prefiere ceñirse al estructuralismo propio de Beneviste para subrayar la importancia del yo en la narración y el análisis político del contexto de escritura con Deleuze y Guattari.

En los límites de la autoficción está también no solo el problema del lenguaje, sino también la cuestión ética. Cuando la escritora peruana desentraña el caso emblemático del “El incesto”, la novela de Christine Angot que supuso un punto de inflexión en el género, al ser concebido como ejemplo de testimonio que la autora rechazó ya que no está hablando de lo que sucedió con su padre en su propia existencia. La multiplicidad del yo, su riqueza poliédrica no debería nunca ser motivo de escándalo o de su envasado etiquetado. La postura de cualquier autora, autor, que indaga sus narrativas desde el primer pronombre singular: “Asumir el escribir un libro, es un acto que implica entonces una moral de riesgo, es decir, asumimos una posición frente al mundo, la defendemos, combatimos ciertas ideas y ciertas creencias (…) ¿Cuándo empieza el pacto ético? En la autoficción, el hecho que contenga la palabra ‘ficción’ es prescriptiva, aunque quien lea uno de estos textos lo ve como autobiografía” (pps 71 -72)

No ejercer de cómplice con lo escrito, necesariamente, pero sí indagar por los trayectos de la búsqueda de narrativa personal al mismo tiempo de la evolución del romance que hablamos y escribimos que se va actualizando, entre los nuevos pactos de quienes hablan, las academias que rigen la norma y la situación panhispánica que a nosotros nos toca enfrentar, siempre con tensiones. Patricia de Souza ensaya en este libro un ejercicio de palimpsesto (término ya de su marca personal) e invita a pensar la literatura desde otras maneras posibles. Su deceso hace pocos meses atrás nos ha dejado sin la presencia física de una autora ya necesaria en la literatura latinoamericana presente. Leerla debería ser una actividad latente.

Escrito por Eduardo Fariña Poveda

Santiago de Chile, 1982 Reside en Zaragoza desde 2004. Periodista de profesión, actualmente es Doctorando en Literaturas Hispánicas en la Universidad de Zaragoza. Ha publicado la plaquette (Promesa y Conquista) (Editorial 4 de agosto, Logroño, 2009). Ha sido antologado en diversas antologías y ha colaborado con poemas, reseñas y crítica cultural en diversas revistas de España y América Latina. Algunos de sus poemas han sido traducidos al italiano, francés y alemán. Es coordinador del Colectivo de Estudios Latinoamericanos en Aragón (CELA) y es miembro del comité editorial de la revista La Caja Nocturna.
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