Stephen King y el bache literario

¿Cómo le harán los grandes autores cuando no pueden hacer su trabajo?

En estos momentos miles de textos están siendo escritos. Algún novelista de éxito está a punto de escribir la última frase de su libro y, después de la enjundia de dicho trabajo, llamará a su agente para decirle la buena nueva. O algún poeta está empezando su nuevo proyecto y pensando que éste sí será su obra maestra, aquella que no sólo le dará el premio más importante de su país, sino será la más recordada. Miles de escritores en estos momentos escriben por situaciones y necesidades distintas, algunos con la esperanza de adquirir algo económico y sacar las deudas; otros por la exigencia de las editoriales al publicar un libro al año y no bajar de las listas de los más vendidos. Mientras que todos ellos en el mundo hacen una única cosa, yo espero que el bache en donde me encuentro se llene de agua y pueda yo salir. En estos momentos intento escribir y nada más veo la hoja en blanco de la pantalla de mi computadora.

Intenté salir a un bar y tomar una cerveza, hablar con la mesera para ver si podía decirme algunas palabras de aliento; encontrarme a un viejo borracho que me contara sus tragedias; o ya mínimo descubrir a una chica solitaria, acercármele, poder contarle que tengo un bache y desde hace semanas no puedo escribir. Pero no hay nadie. Y pensé en Stephen King. En su constancia y fuerza de voluntad. ¿Él no tiene nunca un bache de escritor? ¿O un mal momento y dejara de escribir un día? De seguro es uno de esos miles que lo hacen en este momento, porque lo conozco muy bien, esos dos libros al año no se hacen solos. Lo recuerdo siempre con sus mil quinientas palabras –más o menos– al día que a la semana hacen tantas páginas y esas mismas al mes hacen tantas más y en algunos meses sale un nuevo bestseller. Pero los lectores constantes no estamos preparados a que probablemente trabaje dos libros a la vez –o vaya acumulando uno cada vez que empieza otro– y ese número de palabras se vayan multiplicando hasta hacer un bonche enorme de hojas y, por arte de magia, un nuevo libro. No sé, por ejemplo, cómo sea el proceso de los poetas, si esperan que llegue la musa y las palabras surjan solitas o sean como Poe y las inviten a verlos escribir.

Sí, quizá en este momento en el que llegué al bar muchos otros estén escribiendo, surjan los nuevos grandes libros del futuro y yo aquí, con la fe de encontrar la palabra más adecuada. Cualquier cosa, en estos momentos, es buena para soltar la pluma, que las ideas crezcan hasta el punto de ver un gran número de hojas encima de mi escritorio. Pero no puedo. Seguramente los escritores ahora escriben.

¿Cómo le harán los grandes autores cuando no pueden hacer su trabajo? ¿Habrá constancia diaria en lo que hacen? ¿Si no la hay cómo retoman el hilo de sus textos sin que la mente se les ponga hueca? ¿Es solamente un proceso normal? Entre más pasan los días y no puedo transcribir una idea, pienso en ti, Stephen, en que seguramente ahora que te levantas prendes tu computadora, retomas la nueva novela en la página 389, después vas a comer algo, regresas y ya vas en la 430, luego en la 470 y, al finalizar tu día, y ya estás en las últimas de tu manuscrito, le hablarás a tu agente. Pronto tus lectores tendremos que leerte. Seguirás así hasta que tus fuerzas flaqueen y ya no puedas más. Y yo aquí, pensando en miles de escritores en el mundo que escriben, mientras espero que el agua llegue a su punto más alto, me escupa y pueda, ahora sí, crear algo antes de que la computadora se quede sin pila de tanto mirar su pantalla.

Escrito por Ezequiel Carlos Campos

Ezequiel Carlos Campos (Fresnillo, Zacatecas, México, 1994). Escritor y editor. Ha publicado en "Luvina", "Círculo de Poesía", "Punto de partida", "Universitaria", "Corre, Conejo", "El son del corazón", "Papeles de la mancuspia", entre otras. Está incluido en "Todos juntos hacia un mismo sinfín" (IZC, 2014) y "Fabulaciones" (IZC, 2014). En lo académico ha publicado en "Jóvenes en la ciencia" (UG, 2018). Becario del Festival Interfaz-ISSSTE: Desdibujando límites, Monterrey, Nuevo León, 2017. Dirige la revista virtual "El Guardatextos" (www.elguardatextos.com). Es autor de los poemarios "El beso aquel de la memoria" (2018), "El Infierno no tiene demonios" (2019) y "El instante es perpetuo" (2019). Premio Estatal de la Juventud 2019 en Literatura. Algunos de sus poemas han sido traducidos al francés, inglés, italiano y otomí.
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