Ian Curtis y la casa de las muñecas

“Un cambio de velocidad, un cambio de estilo. Un cambio de escena, sin remordimientos”
Ian Curtis


La primera vez que escuché las canciones “Transmission” y “She’s Lost Control” de la banda inglesa Joy Division, confieso, quedé impresionado. El vocalista, joven, flaco, talentoso, libre y con ese rostro tan anglicano, se desparramaba en ataques epilépticos en tarima, mientras el público aceptaba aquellos movimientos violentos como parte del performance musical. Luego, según los biógrafos, y la obra confesional de Deborah Curtis, viuda del músico, “Touching from a distance. Ian Curtis y Joy Division” (2017), se sabría que eran convulsiones espontáneas producto de la enfermedad que aquejaba a Ian Curtis, la voz principal del famoso grupo inglés y que finalmente desencadenaría la tragedia.

Ya hablando de los comienzos, al igual que la agrupación Metallica, que inició con Lars Ulrich y James Hetfield; y Smile (posteriormente Queen) con Brian May y Roger Taylor; Joy División sería conformado luego que Bernard Summer, Peter Hook y Terry Mason, pusieran un anuncio en el periódico donde reclutaron a Maxi Koch, Joakin Hail y por supuesto, a Ian Curtis.

Al principio el nombre que adoptó la banda, Stiff Kittens, no era muy claro, ni muy atractivo, y ante la poca aceptación del público decidieron cambiarlo por el Warsaw, un claro homenaje a una icónica canción de David Bowie, llamada Warszawa. Una gran pieza musical compuesta después de un viaje a Polonia, donde el compositor británico, junto al músico Iggy Pop verían las ruinas de las ciudades bombardeadas por los nazis, especialmente Varsovia

Recordemos que es en el avispero contracultural de los años 70, el de los “Sex Pistols”, The Cure, LSD, del Do it Yourself de los punks nihilistas, y de protesta e inconformidad con el stablishment, donde Warsaw hace su aparición como una banda que intenta romper tabúes sociales.

Joy Division (Ian Curtis, 2nd from right) photographed in Stockport, Greater Manchester near the Strawberry Studios where they were recording their album “Transmision.” July 27, 1979. ** HIGHER RATES APPLY **© Paul Slattery / Retna UK

Sin embargo, como en todo proyecto artístico y novedoso, encontrarían una no grata oposición al ser acusados de neo-nazis, y esto debido al debut que realizaron con el EP An Ideal For Living de 1978, cuyo arte gráfico alababa en cierta manera la juventud hitleriana. Sin que esto los desanimara, rápidamente lograron ganar un importante espacio musical, al incursionar con letras originales, y a su calidad de teloneros aperturando otras bandas.

Sería en esta etapa Warsowiana donde finalmente producirían singles como Shadowplay, Transmission, Leaders of men, No Love Lost, piezas que aparecerían después en el primer álbum Unknown Pleasures de 1979 bajo la dirección de Martin Hannett con el sello Factory de Tony Wilson, el primero de los dos únicos trabajos musicales que haría la banda, ya que el último sería Closer, compilado en 1980 y el que Ian Curtis, lamentablemente, no lograría ver masterizado.

Definitivamente Warsaw tomaría fuerza por saber capturar el espíritu del momento y lograr traducirlo en ese estridente género como lo es el post-punk. Un contexto deprimente de visiones apocalípticas sociales, de héroes heridos por la segunda guerra mundial, la confrontación de Corea, y la sin ton ni son generación de los Baby boomer. Eventos y cambios que afectaban esa gran masa de jóvenes europeos, que no lograban divisar, (y menos mal que no) por ejemplo, la guerra del Golfo que iniciaría en los años 90, la depresión social finisecular, la locura del Y2K, y otras no-historias del mundo.

Así entonces, la vieja canción compuesta en la batalla del Somme The bells of hells era todo un manifiesto nihilista que explicaba el absurdo de la confrontación y la guerra, y que sería inmortalizada en la comedia británica Oh! What a Lovely War, una película donde se cita la la poesía del poeta soldado Frederic Manning, y cuyos ángeles de Mons, cavan trincheras para lograr tener una extraña victoria que desembocaría en el Vae Victis de los aliados.

Oh! What a Lovely War es una comedia y película musical británica de 1969 dirigida por
 Richard Attenborough.

El año de 1978 sería clave para que Warsaw se cambiara el nombre por el de Joy División, con el cual hacían referencia a la división de judías reclutadas por los nazis en la segunda guerra mundial, o mejor, las prostitutas del nacional socialismo, conformadas para la satisfacción sexual de las tropas de Hitler. Era una marca provocadora, irónica, sacada, sin duda, del libro La casa de las muñecas de K- Tzetnik, cuyo contenido poético supo labrar muy bien el enfant terrible del punk, o poeta del mal, Ian Curtis.

Líricas, sin duda, que reflejaban la expresión existencial de la banda, que representaban el malestar general de alienación, odio, tristeza del alma y la angustia imperante de aquellos hijos de la guerra, del absurdo, de una época convulsa, que rehusaban ser parte del sistema que contradecía sus libertades individuales. La consigna de los británicos, al igual que el de una buena parte de los europeos, era el de “Prohibido prohibir.”

Ian Curtis, sincero, tímido y talentoso como siempre, afirmaría en entrevistas que no recibía ninguna influencia de otro artista, ni de algún sistema, más que de la observación de los jóvenes como él. Por eso es que cuando insistieron en comparlo con The Doors The banshees se rehusaba a ser encasillado, admitiendo que solo hacían música para divertirse.

Una verdad que se comprueba, como dije al inicio, con el Epilepsy Dance, como bautizarían esos movimientos compulsivos del artista en el escenario, que en realidad eran cuadros epilépticos crónicos. Ataques que cuando lo hacían volver en sí lo deprimía y martirizaba profundamente, y que en ocasiones lo llevaban a cortarse, producto de alguna botella rota, o a lastimarse, cuando destrozaba la batería a golpes.

“Mucha gente piensa que estaba drogado. Él no estaba en ninguna droga en absoluto.
El solo estaba perdiéndose en la música “. Stephen Morris

La fama de Joy Division fue efímera, pero en el corto tiempo de su existencia fueron aceptados por una gran masa de jóvenes que se identificaban con esa especie de rebelión musical.  Este hecho los catapultaría y les daría un espacio en el panteón de la música como una de las bandas más icónicas del punk y post punk inglés, todo ello,  mientras el vocalista descendía al infierno en su enfermedad y entre el delirio de sus pasiones anárquicas.

Ian Curtis, el poeta maldito del rock se suicidaría el 18 de mayo de 1980, después de escuchar la canción Idiot de Iggy Pop, tomar whisky, y ver la película Stroszek de Werner Herzog, cuya trama filmográfica reflejaba de alguna forma la situación actual de su vida: el drama de un hombre preso en un ménage à trois, junto al deseo de empezar una nueva vida en otro lugar.

Definitivamente el fallecimiento del legendario vocalista de Joy Division fue una tragedia para el mundo de la música. Una catástrofe que en ninguna, y bajo ningún ángulo, se puede relacionar con el club maldito de los 27. De igual forma, los años 70 cerraría su década con otros dos suicidios dramáticos: Sid Vicious o John Simon Ritchie, el bajista de The Sex Pistols , y el del cantante norteamericano de soul, Donny Hathaway.

Finalmente, con el monumental suicidio de Ian Curtis, terminaba trágicamente un capítulo más del punk Subway underground para dar paso a los ochenta y los géneros glam rock, heavy metal y otros que explorarían con nuevas formas y sonidos hasta el día de hoy.

Se puede decir que Joy División fue un puente entre la música de los 70 y los 80, lo cual los hace merecedores de un aparte en la historia del punk rock mundial.  Respecto al vocalista, y solo a modo curiosidad, al igual que en la tumba del filósofo Jean Paul Sartre cuya lápida fue robada por un colombiano en el 2008, un anónimo robó la de Ian Curtis y la reemplazó por otra. La original aún no ha sido devuelta, ni han capturado al responsable y cuya inscripción epitáfica era el título de la canción Love Will Tear Us Apartel último tema cuyo vídeo sería filmado 18 días antes de su trágico destino.

Joy Division – Love Will Tear Us Apart


A %d blogueros les gusta esto: