«mortales inmortales» | Reseña de «Dípticos», de Néstor Mendoza

Existe una especie de solemnidad colectiva implícita – casi unísona –  a la hora de pronunciar, o siquiera balbucear, la palabra Grecia. Un respeto tácito que se antepone a cualquier intento de relajación. Y solemos acompañar ese recato riguroso con una sensación permanente de falta, un vacío suntuoso que es preciso completar con rituales, hazañas épicas y dioses irascibles. En otras palabras, el mito y su séquito de celebridades no dejan de pisar fuerte en nuestro modelo mental perfecto de mundo helénico.

En sus Dípticos (Seshat Editorial, 2020), Néstor Mendoza sitúa frente a nosotros el desafío de emplazar esa carencia desde un enfoque inédito: nos presenta la memoria del personaje, su ojo avizor, su experiencia neta y, de inmediato, la contrarrespuesta implacable de su antagónico.

Narciso habla, Eco responde. ¿O es acaso al revés? Lo que entendemos como un diálogo cobra a continuación la idiosincrasia de una confesión urgente, un espejo cuyo reflejo sólo puede ser rastreable en el padecimiento o en la entereza imperturbable del otro. Y es esta especie de derecho a réplica lo que hace converger – en el texto y en nuestro intelecto – una sensibilidad compartida, una pulsión liberadora que se abre paso hacia un instinto alternativo, a merced de cualquier atadura cultural o convencionalismo previo. De algún modo, Mendoza nos hace coautores de una nueva forma de atravesar la mitología tal y como la conocemos, para invitarnos sin dilaciones a un atrevimiento atípico, a un acto heroico otro, a descomponer aquello que ha estado arraigado y a ensayar, como nuevos y enardecidos maestros, al menos una variante posible.

Pero aquellos pormenores demasiado íntimos que los protagonistas revelan de ninguna manera pueden ser en esta obra meras confesiones, sino que van adquiriendo a posteriori la condición imperativa de testimonio, crudos pasajes transitados cuyas marcas vienen a traspasarnos también a nosotros, como lectores entendidos, pero también, y sobre todas las cosas, como seres terrenales y perecederos: «No es tanto el horror como la gracia lo que petrifica el espíritu del que la contempla», dice Perseo refiriéndose a Medusa. «Fuera de mí se logra ver la poca humanidad que me han permitido atesorar», ha dicho ella, apenas un momento antes. Y después: «Mi deseo es típico de esta época de dioses y sometidos», declara con total impunidad Zeus. «No sé diferenciar entre ser su amante o su esclavo: quizá ambas condiciones sean oficios frecuentes en el hogar de los inmortales», nos cuenta Ganímedes por su parte.

 

N

 

«La sensación trasvierte el mito con el propósito de atraer el significado, pero su referente deviene de la memoria o del apego intelectual que tenemos de esa sensación, es decir, las variantes del mito nos permiten recrear su definición por separado, el cual se hace a su vez icónico en el lector», escribe a propósito de este libro el escritor y dramaturgo venezolano Juan Martins. El punto de inflexión es entonces – y precisamente – este juego de bifurcaciones que Mendoza propone como inherente coexistencia. Algo se destraba, algo desborda, algo emerge.

Es cierto que hay una forma en la que Grecia vive, con su solemnidad, su rectitud y su decoro, en nuestras conciencias. Imparte sobre nosotros su peso histórico y su legado. En este libro de Néstor Mendoza hay, sin embargo, un dejo de optimismo y de confianza, una divergencia posible. Aunque tal vez debiéramos arriesgarnos a ser todavía un poco más osados y preguntarnos si existe verdaderamente una Grecia despojada de su dogma, de su Homero y de su lírica de culto. En palabras de Helena de Troya: «Si un templo pierde sus columnas y su fe, ¿todavía será capaz de sostenerse?»

 

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Néstor Mendoza (Mariara, Venezuela, 1985). Licenciado en Educación, en la especialidad de Lengua y Literatura, por la Universidad de Carabobo. Publicó Ombligo para esta noche (Secretaria de Cultura de Carabobo, 2007), Andamios (Equinoccio, Caracas, 2012), Pasajero (Dcir Ediciones, 2015), Ojiva (El Taller Blanco Ediciones, Bogotá, 2019) y Dípticos (Seshat Editorial, 2020). Forma parte del consejo de redacción de la revista Poesía (Valencia – Venezuela) y del equipo de colaboradores de la revista bilingüe Latin American Literature Today (LALT), editada por la Universidad de Oklahoma. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, alemán e italiano. Es coeditor de El Taller Blanco Ediciones.

 

➪ LEÉ ACÁ LA RESEÑA SOBRE ESTE LIBRO ESCRITA POR JUAN MARTINS PARA «CRÍTICA TEATRAL»

 

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