Música de alas: Poesía colombiana contemporánea

Foto de portada: Diario El Tiempo

Caminabas, y la luna llena
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca.
Y tu sombra, fina y lánguida,

Y mi sombra. Por los rayos de la luna proyectadas
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban y eran una

José Asunción Silva

La alegría y el color de Colombia no solo quedan grabados en su cultura sino en sus artes, en general. La pluralidad de sus letras y el contenido que poseen nos permite ingresar en un universo único. Posiblemente sepamos de Colombia más por su narrativa, pero en poesía destaca a demasía. Un universo literario en donde sobresalen nombres como los de Tomás Vargas Osorio, Álvaro Mutis, José Asunción Silva, Julio Flórez, Porfirio Barba Jacob, Piedad Bonnett, María Mercedes Carranza, Meira Delmar, Anabel Torres, Isabel Lleras, Andrea Cote, entre otros. Sujetos de carne y hueso que dejaron las letras en un alto pedestal de juegos, sombras y colores. Porque sus fuentes no son solo reflexiones sociales, sino que se cogen de la herencia cultural, de los pueblos, del cruce de mundos que se forjan en un solo carril. Porque, de alguna manera, la lírica colombiana se apropia de las voces de sus pueblos para forjarse en un solo arco que transita por los albores de un universo paralelo, real y humano.

Lo más cercano a este enriquecedor paraje de letras es la composición de la selva: colores, aromas y emociones. La no pérdida de un viaje personal donde los componentes de la realidad se desarrollan más allá de una paradoja. Probablemente sean las huestes enemigas los silencios incómodos y pecaminosos, los silencios de los gobiernos o de la gente, lo único que se opone a la poesía de Colombia, pero siempre hay una salida. Las tradiciones van evolucionando y manteniéndose en su posición. Los cataclismos sociales son ausentes pasajeros en un tren sin destino, pero es la poesía el único salvaguarda para mantener la memoria colectiva.

En esa línea es que presentamos al colectivo Nuevas Voces Poéticas, que reúne a jóvenes autores de una Colombia que sobrevive y resurge. Testigos del cambio que no muere, pero que se presenta como una afrenta contra el mortal silencio de medios, gobiernos y gentío. Por eso, le damos espacio a este colectivo que nos trae algo nuevo de la poesía que se escribe en Colombia.

Selección de poemas de los Miembros de Colectivo Nuevas Voces Poéticas
(Medellín, Antioquia, Colombia)

Nuevas voces es un colectivo conformado por nueve poetas de la ciudad de Medellín (Colombia), quienes mediante la autogestión desarrollan propuestas para la difusión de la nueva poesía de la ciudad y el continente americano. Nuestro colectivo realiza acciones en las siguientes líneas de trabajo: Poiesis Visual Estudio (investigación y desarrollo de herramientas tecnológicas y app para la difusión de la poesía), Nuevas Voces Editores (publicación de materiales impresos y digitales, tanto en formato tradicional como libros enriquecidos mediante herramientas tecnológicas), Escuela de Poesía La Diosa Blanca (línea formativa en la que se ofrecen talleres, conferencias  y  conversatorios,  al  igual  que  se  progaman  recitales  de  poesía  para  la  formación  de  públicos), Arvak (línea enfocada en la experimentación, montaje y puesta en escena de formatos polipoéticos y performance).

Correo: nuevasvocespoeticas@gmail.com
Página web: www.nuevasvoces.org
Redes sociales:
___________facebook: colectivonuevasvoces
___________Instagram: @nuevasvocespoeticas


Felipe López (Manizales, 1985) Poeta, Animador, Desarrollador, Promotor de lectura y Gestor cultural. Director de Colectivo Poético Nuevas Voces. Ha publicado el libro de poesía Aqua (2014) y la Danza del Atrato (2018). Ha participado Festivales y encuentros en Ecuador, México, Cuba y China. Ha sido ganador de 8 premios y estímulos a nivel Nacional.  Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés y al chino. Su trabajo también abarca en el desarrollo e investigación de nuevas tecnologías para el desarrollo de escritura creativa por medio de aplicaciones de realidad aumentada, videos 3D, Video juegos y herramientas de hardware Libre. Ha desarrollado tres aplicaciones de realidad aumentada para poesía: Ecos (2017, Audio libro) y Territorio Libro (2019, poesía y graffiti). Gea (2019, 3D inmersivo de ecología y poesía).

La muerte cruza el metal inacabado
en el arco que forma la sombra de un puente

A Hart Crane

Si hubieras visto los rieles cruzar por tus manos, partirías de Paumanok con un talego lleno de edificios. Pero tu boca fue atravesada por un puente. Debajo de tu lengua habita una ciudad. Fábricas, arandelas, motores vistiendo los cuerpos en ráfagas de vapor. Hidráulicas articulaciones vieron el sol encima del tejado, como una lumbre que refleja la noche de todas las máquinas.

Inmóvil en el aire, un ave negra hizo la noche en sus plumas. Cada falange es un puente en el East River. Un puente que cuelga de la niebla, nervaduras metálicas alzan el vuelo de una tierra de nadie. Un puente de dos manos se despide en cada extremo, dos esqueletos unen al puente con la sombra del sexo: Manhattan y Brooklyn, y nadie duerme en la ventana del navío Orizaba incrustado en la soledad de los puentes abandonados, la aventura épica a los treinta y dos años, treinta y dos puentes han trazado el mapamundi como un desgarro de aguas inaccesibles.

Erguirse en el Pacífico

Erguirse
fue la peregrinación de un aullido empecinado en ser palabra,
pero erguirse nunca fue una palabra.

Nunca fue una palabra
de noventa grados que transforma a un cuerpo.

Erguirse
fue el reto de lo impronunciable.
Silencio.

Por millones de años de gatear en una catapulta de cristales rotos
un cuerpo expuesto al punto de fuga en la espalda.

Erguirse
fue desesperación
un conato de rebeldía al transformar las rocas en puñales.

Erguirse
fue la herrumbre
de una escalera cuyos signos se escriben en la garganta.

El silencio
sobre un obelisco de hierba.

Una pértica de mariposas que cruza nuestras manos
hasta la crucifixión.

Erguirse
nunca fue una palabra.


Camilo Restrepo Monsalve (Medellín, 1987) Poeta y Licenciado en Pedagogía Infantil. Miembro fundador del colectivo Nuevas Voces, donde coordina el sello Nuevas Voces Editores. Autor de los libros: El espacio que me habita (Mención de honor en el I Premio de poesía joven de Medellín, inédito, 2011), Felonías (Edición independiente, 2015) y Las rutas de la sangre (Premio PP Cultura Medellín, 2016). Poemas suyos han sido publicados en diferentes medios impresos y digitales de Colombia, Chile, México, Francia, Honduras, Venezuela, India, entre otros. Ha participado en eventos poéticos en Colombia, Argentina, Cuba y Chile. Poemas suyos han sido traducidos al Inglés, Italiano, Francés y Bengalí. Director de Telúrica: revista semestral de poesía del colectivo Nuevas Voces. Colaborador en Colombia del sello Andesgraund Ediciones (Santiago de Chile), para el que actualmente prepara una colección de poesía colombiana. Autor de las antologías Luz sin estribos: 35 poetas colombianos/35 poetas cubanos nacidos a partir de 1980 (Nuevas Voces Editores, 2019) y Niños que juegan entre los escombros: 16 poetas colombianos de la actualidad, que será editada en 2021 en Santiago de Chile, bajo el sello Andesgraund Ediciones. Acaba de ganar el V Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio

Vuelta al trabajo

Después de la calma
el cielo exhibe un falso azul
amenazado por rayos

resquebrajado por el grito
del tiempo que termina
y los sucesos futuros
que despiertan de su quietud
como pájaros mitológicos

La vida retorna a las calles
impregnada del olor pesado
de los cuerpos que renuncian al reposo
y ruedan hacia los sepulcros
que se abren con la mansitud de viejos
que sentados en las bancas de los parques
apilan los huesos aplastados
por el peso de esta mañana 
consagrada a la tristeza

Tiempo de las vacaciones
en que el mundo se muestra a los ojos
como un huevo de luz
te alejas ya entre la tormenta
galopando tu caballo de jazmines

Vienen las noches del cansancio
las horas que nos atraviesan como flechas
y nos desangran poco a poco
con sus balas de plata refulgente

Tiempo amado de las vacaciones
no nos abandones tan pronto
deja que un día no lejano
podamos descansar
en tu seno para siempre

Parásitos del cielo

en la calle donde vivo
el tiempo se abalanza igual 
sobre todos los árboles

sin embargo 
unos se marchitan
antes que los otros

los desnuda
un otoño selectivo

la tierra 
madre rabiosa
solo alimenta bien
a sus favoritos

éstos se mantienen juveniles
y otorgan los frutos más dulces
al estómago hambriento

los demás
enseñan a los transeuntes
la lección de la melancolía

son como terribles muertos
con el esqueleto expuesto 
en signo de amenaza

cuerpos atados 
a una cuerda invisible
que los une 
al centro del mundo

con la copa sepultada en el pantano]
muestran sus raíces invertidas
cual colmillos  

son los verdaderos 
ángeles caídos

hurtan la sustancia de aire
son parásitos del cielo


Ana María Bustamante (Medellín, noviembre 1991). Es socióloga, fotógrafa y gestora cultural. Aspirante a magíster en Sociología. Fue ganadora del IX Concurso Nacional de Poesía Héctor Trejos Reyes 2016 y de la beca en circulación internacional de la Alcaldía de Medellín, 2018. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Tomás Vargas Osorio (2019) con su libro Antes de ser silencio, publicado por Sílaba Editores. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés e italiano. Es editora de la revista Telúrica del colectivo poético Nuevas Voces. Fue incluida en el audiolibro Ecos 15 poetas antioqueños 2017; la Antología de Poesía colombiana Contemporánea del siglo XXI publicada en Francia por la editorial L’Oreille du Loup, 2017; y la antología Luz sin Estribos: 35 poetas colombianos/35 poetas cubanos (Nuevas Voces Editores, 2019), la antología de poesía colombiana reciente Paisaje Inacabado, entre otras.

La despedida

El mundo nos abandonó verdaderamente
en la lluvia.

En el agua se dijeron adiós
los cuerpos
que amaron tanto la herida
hasta secar su ardor.

Se dijeron adiós las manos
que palparon tantas veces la rasgadura
hasta entender su paisaje.

Todo lo nuestro se despidió en el agua,
quedamos con el temblor apenas,
con el frío desbaratando las raíces
con el miedo de nuestros ojos mojados
en el diluvio que fue una hoguera.

El salto

He emprendido el salto al alba
a la infinita redondez del mundo.

Sigo el origen de mis pies
que crecen hacia adentro
para impulsarme al vuelo.

Una suavidad que viaja en la voz
desfigura la herida
y la cose.

Sus manos han invadido mi sangre,
el salto ha sucedido.

Yo voy al alba.


Johana Casanova (Armenia, Quindío, 1991) Poeta, actriz de teatro, practicante de Spoken Word. Ganadora de la beca de poesía en formato audio libro de la gobernación de Antioquia 2017. Ganadora de la beca de circulación internacional de la Secretaría de Cultura Ciudadana de la Alcaldía de Medellín, 2018. Ha participado en festivales de poesía en México y Cuba. Sus poemas han sido traducidos al inglés y francés.

Memoria

Bajo el cielo nocturno un cristal nos hiere con su hoja de vidrio
una luminosa trama nos abraza en el despertar del tiempo
cerrar los ojos como un abismo de cristal
la luz del cielo nos hace vivos ante un dios oculto.

Nunca nos esperó el edén con su silueta dorada
yo no quiero palabras
solo el silencio del mar:
Casa hecha de luz atardecer
casa hecha de nube oscura.

Dichosos aquellos
que puedan caminar por el sendero del silencio
La nube de la memoria siempre estará en la puerta.

Pasos en el jardín

No habito en un castillo de altos muros
vivo en la miseria de mi alma
que busca ser escuchada
y en mis ojos negros que agita su floresta.

No eres tú la muchacha de ojos tristes que vi entre los almendros
Era mi silencio con las hojas del cerco azul de la noche
¡Ay, violetas! ¡Ay, almendros!
Frutos genuinos que enlazan la luz entrando por la ventana
esa que vigila y responde mis secretos
no con dolor ni con fallecimiento.

Puedo ver el estribo de una planta
que borre la miseria y el llanto antiguo
Acaso, ¿No eres tú la que vive entre los almendros?


Juan Felipe Posada (San Carlos, Antiquía, 1985) Autor de los poemarios El día a su degüello, Inocencia aplazada (ambos inéditos) y de Striptease del camaleón & Arritmias de gris (Nuevas Voces Editores, 2018). También del libro de cuentos Entre flores y calaveras (inédito). Desde 2003 realiza talleres de lecto-escritura creativa a través de las artes, en las comunas de Medellín. Ganador en 2018 de la Beca de Circulación Internacional de la alcaldía de Medellín. También fue ganador en dos ocasiones de la Convocatoria de propuestas artísticas en salud de Jóvenes para Jóvenes, y en una ocasioón de la Beca del Planciudadano de lectura, escritura y oralidad de Medellín. Director y musicalizador de documentales de carácter social. Poemas suyos han sido traducidos y publicados en varias ediciones de la Revista Prometeo (Medellín).

El hacedor de tambores

De palo a vaso
socavar la resina
hundirse en la fibra
repujar el interior
cada surco es
el aserrío del tiempo 

De carnero a cuero
animal vivo que corre tras los impulsos
lo sublime de la vida
y la sin razón
el eco de la carne
te será impuesto

De mineral a metal
emanación
bronce dorado plata
En la fragua aleación
En el frío fuerza

Conmueve lo realizado
Posarse en la liana la boca la membrana 
confiar en el resonante vacío

Te digo hermano (el recuerdo de mis amigos en cuarentena)

estamos acompañados de la flama
pues el ardor de nuestro licor
hace que fulguren las noches
las teatralidades del ser
se inauguran y mueren
a pulmón perforado

has protegido los sollozos en casa
para ocultar a mofadores indolentes
las lagrimas
El silencio secuaz
ha dicho más que un día
lleno de finas palabras
Salimos locos de contento
al encontrarnos

el sorbo de un tinto
es un sonido tan intimo
al empezar el día
Regáñame, llámame como quieras
Nunca menosprecies 
el poder que nos congrega
surge la fiesta y la lucha
no hay desolación
sino que somos un pueblo


Manuela Salinas Sierra (Itagüí, 1993) Es pianista, cantante y poeta, estudiante de piano de la Universidad de Antioquia y profesora de música. Ganó el primer lugar en el segundo Slam Poetry realizado en Medellín en 2016. En el año 2019 algunos de sus poemas fueron publicados en la antología La jaula se ha vuelto pájaro (Fallidos Editores). Participó en el VI Encuentro internacional Nadaísmo en todaspartes, en el 29° Festival internacional de poesía de Medellín y  en el VII encuentro internacional de poesía Albatros de Manizales. Es integrante del colectivo poético Nuevas Voces.

Veinte y uno

Nos coronamos con flores rojas
Un día cualquiera de marzo

Me desabroché al deseo
Porque solo quedaban las horas
colgadas en un espejo de hierro

A ti te salvó un amuleto
media vuelta al cielo raso
y el instinto de ser recuerdo

Alivio

Esta noche,
La luz amarilla que se desliza en el bar
atraviesa las copas
Y devuelve el sabor a las cerezas
Degradándolas al color de la vergüenza

Esa centella nocturna atrapada en el farol de la calle
creciendo sin angustia
Tan ingenua, no está mal
adivino que es necesaria
podría ser una remembranza más grande.

Miro hacia afuera
Todo es azul ahora.


Daniel Acevedo Arango (Medellín, 1986) Es poeta, gestor cultural e historiador, aspirante a magister en estudios literarios de la Universidad de Buenos Aires y tallerista de escritura creativa en El Retiro, Antioquia. Ha participado en diversos eventos dentro y fuera de Colombia. Se destacan el XXVII Festival Internacional de poesía de Medellín, El 6 Festival Caravana de Poesía en Perú, el Festival Internacional de Poesía de La Habana y 16º Encuentro Poetas y Narradores de las Dos Orillas, Uruguay, donde obtuvo el reconocimiento “Arturo Cuadrado” a mejor poeta joven. Fue ganador de los estímulos de la Gobernación de Antioquia a creación de libro de poesía en 2017, con su poemario Ritual de Vuelo. El poemario versa sobre la importancia del aire y su relación con el entorno urbano y los cuerpos que lo habitan. Fue ganador del XVII Premio Nacional de Poesía Eduardo Carranza Fernández. También fue mención de honor, segundo puesto, en el VI Concurso Nacional de Cuento de EPM.  Algunos de sus poemas han sido publicados en diferentes medios y antologías impresas y digitales de Colombia, México, Argentina y en una antología de poesía en Francia. Es uno de los coordinadores del colectivo poético Nuevas Voces.

La Habana

El sol es un solitario naufrago
Que se mira por última vez al espejo
De superficie ondulada

Inmerso en el contorno ancestral
De las gaviotas
Abre los ojos
Y atrapa en su mirada
Las ruinas de un tambor

La canción de la sirena
Que sedujo a Ulises
Es tocada por los dedos
De un océano insondable
Al chocar contra las piedras

El infranqueable malecón
Se convierte en un piano
y las olas son las notas
de un intenso blues

Los últimos testigos del milagro
Son los pescadores de gorra rosada
Que entre cigarro y cigarro
Hilan sus cuerdas de nylon
Con la intimidad del mar

Un parpado se cierra en el horizonte
La Habana es música
Con sol o sin él

Un sol en la garganta

Me he sentado en la mesa de cristal. Mi mano derecha sujeta un tenedor que intenta capturar el filo de una llama. El crustáceo se agita nervioso. Sabe que ha terminado el baile y que todo el océano puede caber en un vaso plateado. La brisa deposita una hoja de palma en la punta de mis pies. Es una advertencia. El tenedor se clava en la carne del crustáceo, sus puntas traspasan sus órganos invisibles.  Y un lamento, que es más un silencio, irrumpe en forma de salsa de coco. El camarón es llevado a la boca y las cavernas del tiempo difunden sus ecos oscuros. Hay un sabor antiguo, el de un templo profanado, que se implanta en la lengua.

La cicuta es un pastel de manzana cuando se piensa en el invertebrado que cruza la garganta. Allí, con once años, me sentí ligeramente abandonado. Adentro, en mi esófago un sol agonizaba entre lánguidas protestas. Y por un instante no era el crustáceo quién se sacudía bajo los pliegues de mi traquea, sino yo quien habitaba en su cuerpo de sal y agua. Era mi propio infierno personal, no más grande que una canica de plata o una perla de la realeza. El veneno estaba adentro y adquiría el color de una sirena varada en la playa, vieja y decrepita.

Vomité. Vomité el excremento de ballenas, vomité lo inconmensurable, vomité para vivir un día más, vomité jazmines y camelias.

Vomité el pequeño camarón. Ya no se sacudía. Lo sabía todo de mí. Pero ahora sus bigotes alimentarían la tierra.

Escrito por Emilio Paz

Emilio Paz (Lima, 1990) Profesor de Filosofía y Religión, egresado de la Universidad Católica Sedes Sapientiae. Tiene publicados “Septiembre en el silencio” (Club de lectura poética, 2016), “Laberinto de versos” (La Tortuga Ecuestre, N°394, 2018) y "La balada de los desterrados" (Ángeles del Papel Editores, 2019). Posee trabajos publicados en diversos medios de Perú, México, Chile, España, Venezuela, Estados Unidos, Argentina, India, Ecuador, Rumanía, Costa Rica, Suecia, Alemania, Italia, Cuba, Uzbekistán, Bulgaria, Francia; siendo traducido al rumano, francés, italiano, búlgaro, uzbesko, inglés y tamil. Ha ganado el “Mes de las Letras” (abril, 2017) de la Fundación Marco Antonio Corcuera y el IX Concurso internacional de poesía y cuento - Perú 2019 organizado por la revista "El Parnaso del Nuevo Mundo". Ha participado de diversos recitales poéticos, congresos de filosofía, siendo su línea de investigación la relación entre estética, poesía y educación. Actualmente dirige el blog “El Edén de la poesía” (https://edenpoetico.wordpress.com/).

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