El cine como diario de viaje: reseña de «Sans Soleil» (libro) de Chris Marker

Referente indiscutible del cine francés, Chris Marker estrenó su película experimental Sans Soleil en 1983. Mencionar a Chris Marker significa referirnos a una figura del cine de ficción, del documental, y pionero del cine de ensayo; y Sans Soleil es prueba del carácter particular de su obra. En la cinta, el camarógrafo ficticio Sandor Krasna envía cartas a una mujer que las lee y comenta, dando cuenta de un diario de viaje. El libro con el mismo nombre recupera el texto íntegro de la voz en off de la narradora, e incluye un prólogo de Isaki Lacuesta. Las imágenes evocadas por medio de palabras, además de mantener intacta la esencia de la película, permiten incluso recorridos personales. Hacia el interior del relato rizomático que es Sans Soleil, Marker expone ideas, pensamientos y reflexiones en torno a la memoria, aunque también a la historia y lo representable a través del cine y la fotografía.

Lo que se narra es un viaje por diferentes rincones del globo, como Japón, Guinea-Bisáu, Cabo Verde, San Francisco e Île-de-France; lugares en los que, como es fácil imaginar, los contextos difieren. El camarógrafo se detiene en los instantes, en los movimientos de la gente y de la naturaleza, enmarcados en un constante ir y venir de espacios y tiempos. Realiza una búsqueda por los recovecos de la ciudad moderna, que en la película de Marker abunda en postales en las que se vuelve un reto separar los sueños de la realidad. “Empiezo a preguntarme si estos sueños son míos, o si son parte de un todo, un gigantesco sueño colectivo del que toda la ciudad sería la proyección” (2020, pág. 88).

¿Cómo representar lo que se halla inmerso en la multiplicidad y consideramos, quizás, como lo auténtico? Es difícil encontrar una respuesta. Tal vez, la felicidad sea palpable en fotos como la de los chicos en Islandia, en 1965, mencionada al principio. Indagar en las imágenes, traducir lo invisible en ellas, es uno de los ejercicios posibles en la obra.

Memoria e historia se presentan como polos opuestos en Sans Soleil. Los hechos del pasado no se abordan de manera homogénea. Es necesario mantener viva la memoria como una virtud humana fundamental. La historia tal vez fragmente, jerarquice y hasta altere visiones sobre lo acontecido. Lo más importante del contacto (o su ausencia) entre una y otra es el sentido que decidimos otorgarles. Japón parece un ejemplo de cómo memoria e historia coexisten más allá de sus contradicciones. Una es indisociable de la otra. Así es como la modernidad podría presentársenos, según Marker. “Escribo todo esto desde otro mundo, un mundo de apariencias. En cierto modo, los dos mundos se comunican. La memoria es para uno lo que la historia es para otro. Una imposibilidad” (pág. 99).

La Zona (nombrada en honor a la película Stalker de Tarkovsky) muestra un conjunto de imágenes distorsionadas (grafitis electrónicos) que provienen de un mundo real, de personas reales, pero que en ese estado difuso parecen hablar de un mundo en el que la memoria resultaría imposible.

Como texto, Sans Soleil (Kriller71 ediciones, 2020) se vale por sí mismo: logra transmitir de por sí lo que nos genera la película, gracias a la potencia de su narración, de las imágenes evocadas y de su espíritu curioso.

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