Cristian Alfredo Solera: Hoja de vuelo

Cuatro poemas del escritor Cristian Alfredo Solera:

ESA MUJER
Esa mujer de ojos azules
que sonríe en la oscuridad.
La que no olvida el ritual de las musas
y confiesa haber llorado
por el tiempo perdido.
La que canta y recita
y lleva el fuego adentro
como caracol o telaraña.
Esa niña de alegría incomparable
que sueña como una loba
y que se sabe todas las líneas
de la parafernalia de los tontos,
la que es ecuación o adivinanza,
misterio y resurrección,
la que a la vuelta de la esquina
moldea sus mejillas
con ganas de decirte algo,
una oración con un verbo,
una frase sin él, como dicta
la norma académica,
un abrazo clandestino…
Esa mujer que se acerca a las ventanas
y derrama pétalos de rosa,
cigarros fríos que no existen,
esa mujer cuyo cabello siempre llueve
sobre un callejón sin salida,
ese mirar de constelación,
ese país de heliotropos
donde se pronuncia lo indecible,
lo que no tiene límites,
lo que es concebido por un hechizo,
por un pacto amoroso,
por todo lo que duele,
se trafica y se envía
entre señales y nubes,
entre hojas que aún no he escrito
de novelas nórdicas,
de superhéroes y cosmos,
de criaturas que delatan
cualquier intento de consolación.
Esa mujer de cuerpo adolescente.
Humedad. Sudario.
Piedra caliza. Fruto seco.
Mujer de las más carnales intenciones.
Inteligentemente hermosa.


LA CANCIÓN DE LOS BAILES Y LAS BESTIAS
La ventana dejé abierta para que podás salir.
Es este calvario de hombre viejo.
Mi ojo por ojo. Mi diente por diente.
Es esta lluvia en abanico.
Es todo lo que arrastraste.
Las flores plásticas. Ideas rotas.
Es esta vigilia que no logro entender
a pesar de tu miedo sobrehumano
a las clases de matemática,
a las filigranas de la muerte y a los gerundios.
Son las fotografías que recibí
cuando se iba el invierno.
Las tomé, y era tanta
la algarabía de un famélico sueño,
que entonces las contemplé
como contemplo con tanta indiferencia
la inmediata estupidez de mi locura.
Los corredores dejé abiertos,
corredores en los que hicimos señales
con juguetes imbatibles.
Ese fue el error, extrañarte
con los besos temblando,
con los labios sonriendo,
con las ropas de tu madre acumuladas
en el rincón más inservible
de un ropero metafísico.
Sobre las pieles de pájaros muertos
pinto dibujos que ya no me importan.
Anhelo lo oscuro, el aguacero,
la galleta que mordías a pedacitos
en medio del polvo, como un gusano.
Ahora solo me queda buscarte en las cosas,
en la línea del tren que pasa por Heredia,
en el partido de futbol con el cual
cancelé tu cumpleaños,
en la poesía que arde en nuestra sangre
cuando conjurábamos batallas y silencios tantos.
Soy la paria, el inútil,
el padre que elegiste cuando no me conocías.
El asesino de tus ojos
cuando llegaron los bailes y las bestias.
Un condenado que se sienta a olvidar
las cosas que de vos todavía recuerdo.


HOJA DE VUELO
A mis cuarenta y dos años
comienzo a lamentar que estés tan lejos.
A desangrarme de espanto
por mi caucásica novia adolescente.
A caer de rodillas como un patético cobarde
por este juego de ajedrez
en el que todo es lujuria,
arrecife, mordisco y arañazo.
A mi cuarenta y dos años
elegiste de nuevo un invierno sangrante,
los callejones fantásticos
de una casa que fuera una sombra.
Aún así no podías irte,
llevarte la mandíbula izquierda, el esternón,
la pesadilla de amistad que nos aplasta.
No ha pasado nada desde aquel momento.
No soy el que te busca.
El que te llora como un mártir.
El que le da la maldita dirección a la libélula.
Soy yo, ya lo ves, el que te mira.
El hombre cuyos pensamientos parecen
un ángel retardado.
Fui el padre amenazante.
El payaso espantapájaros.
El soldado con espada en la mano,
con espada en la roca,
con espada en el odio,
con espada en el sueño,
con espada en el miedo,
con espada en mi vergüenza
y espada en la condena;
padre de amores extendidos
con otras mujeres nuevamente.
Si acaso pudieras entenderlo,
el silencio es un gato ruidoso,
una pequeña obstinación
con la que ya tengo suficiente,
un ir y venir desde la infancia
a pesar del castigo endemoniado de tu ausencia.
Por eso no te esperaré,
el final de esta ceremonia podría asustarte
y entonces escaparías de mi
sin darte cuenta,
sin poder reconocer otra vez
la más injusta sinrazón de mi partida.


MALOS HÁBITOS
En algún lugar aprendí
a reventar las paredes de una casa
contra el suelo,
contra la hoja en blanco,
contra la gente que está a la espera
de un incendio voraz
que me huele a desafío, a cerveza romántica,
a incienso y multitud
En algún lugar, entre memoria y lucidez,
aprendí a controlar mi mala suerte.
A no ser crucial ni verdadero.
A no coleccionar galaxias que no debo creer,
supongo.
En algún lugar comprendí
que mi situación es fragmentaria
Que las calles son solo alcantarillas
en las que yo espero volver a verte,
tratando así de evitar
los estados más patéticos de mi arrogancia,
tanto alfiler que duele
en la punta de los labios,
cuando, en un día como hoy,
ya no tengo nada más que decir,
en este instante,
en este preciso momento en que te necesito.




Sobre el autor:

Nace en la ciudad de San José ( Costa Rica ) en 1975. Profesor de literatura graduado de la Universidad Nacional. Ha publicado los libros Traficante de auroras, 1999, ( Fundación Intercultural de comunicación ), Itinerario nocturno de tu voz, 2000, ( Editorial Líneas Grises ), Tú no sabes nada de la ausencia, 2004, ( Editorial Láser de Centroamérica ), Ceniza, 2005, ( Editorial Láser de Centroamérica ), La piel imaginada, 2008, ( Editorial Costa Rica ), Criaturas alucinadas y otros poemas que mienten, 2011, ( Editorial de la Universidad de Costa Rica ), Poemas para no leer en tu funeral, 2013, ( Editorial Costa Rica ), Epitafios inútiles, 2014 ( Editorial de la Universidad de Costa Rica ), Impostergablemente la lluvia, 2016 ( Centro Cultural e Histórico José Figueres Ferrer ), Canciones de amor contra la infamia, 2018 ( bohemia- ediciones ) y Una canción para Phil Collins, 2019 ( World Graphics ). Ha representado al país en certámenes literarios como el XIX Festival de Poesía del Caribe y el Congreso Mundial de Poesía, celebrados en Santiago de Cuba. Ex miembro directivo de la Asociación de Autores de Obras Literarias, Científicas y Artísticas de Costa Rica durante varios periodos. Notas acerca de su obra han aparecido en periódicos nacionales y cantonales, así como en revistas culturales y afines.

Escrito por Byron Ramírez

San José, Costa Rica, 1997. Cursa la licenciatura de Filología española en la Universidad de Costa Rica, donde también realizó estudios en Filosofía. Se ha desempeñado como editor literario para instituciones como Editorial Estudiantil UCR, CulturaCR.net y Editorial Nueva York Poetry Press. Ha participado en diversos festivales de poesía como el XVI Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, el Festival Nacional de poesía en Turrialba, Costa Rica 2019 y el IV Festival de Poesía de Fredonia, Colombia. En el 2017 fue ganador del Certamen de Poesía joven organizado por la embajada de Estados Unidos en Costa Rica y en el 2018 obtuvo el primer lugar en el Certamen Nacional de poesía joven organizado por la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA) con su libro Principio de Incertidumbre, posteriormente publicado en el 2018 en la ciudad de Nueva York bajo el título de Entropías. Como investigador ha representado a Costa Rica en múltiples congresos de literatura en España, Perú y Centroamérica.

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