Reseña: «La devolución de las texturas» de María de los Ángeles Fornero

Por Esther Pineda G

Recientemente tuve la oportunidad de conocer la obra de la escritora María de los Ángeles Fornero y se me hizo necesario compartir este gran descubrimiento. Nacida en la provincia de Córdoba, Argentina el 29 de julio de 1961, María de los Ángeles ha articulado su formación como psicóloga social y su experiencia como docente para escribir con gran sensibilidad y perspectiva crítica sobre aquello que nos involucra, afecta, conmueve y convoca desde lo individual y lo colectivo.

En los últimos años ha publicado cuento y poesía en diversas antologías, pero no fue sino hasta el año 2019 que publicó su primer libro, la novela titulada Viaje entre dos Orillas, y en 2020 cuando publica el extenso y trabajado poemario La devolución de las texturas; el cual contiene una narrativa indudablemente sureña que conecta a quien lo lee con los sonidos, sabores, experiencias, bellezas, ausencias, precariedades, injusticias y violencias de la Argentina profunda.

María de los Ángeles escribe sobre la política, la corrupción, la indiferencia, el hambre, la violencia institucional y las desapariciones; pero como feminista inocultable, también escribe sin temor para visibilizar y denunciar la violencia machista, la violación, la prohibición del aborto que persiste sobre los cuerpos de las mujeres y el femicidio. La autora desde una narrativa cercana y sonora obliga a tragar grueso por las verdades impronunciables que devela, y nos deja con una lágrima seca en el rostro endurecido ante la crueldad de la realidad que se expresa.

Pero la poesía de Fornero no es solo precariedad, violencia y dolor. Hay también en ella esas alegrías efímeras del día a día, el disfrute de las pequeñas cosas, el rescate de los amores, pero sobre todo, las ansias de vivir procesos colectivos de transformación social.

25 de noviembre

Minerva
María
M(P)atria
Mujeres
Matadas
Mariposas
Mirabal.

Verde romance

Verde, que te quiero verde.
Romance en beso de Lorca.
pañuelos como collares
como pulseras pañuelos
verde cielo, verde rama
en las calles i en las plazas.
Verde intenso, verde mate.
Te quieren decir lo que hagas
vos que alumbraste seis hijos
i vives muerte temprana.
Verde que pintan los cielos
las mujeres verdes andan.
Con cada hambre de niño
el verde se te agiganta.
con cada boca llagada
por la comida que falta.
¿Quién se atreve a condenarme
gritan tus pechos de plata?
¿Quién se atreve niña nueva
a decirte lo que sientes?
cuando un hombre embrutecido
desgarraba tus enaguas,
más, tus carnes, mucho más
tus tajos i tu simiente.
Verde que te quiero verde
en medio de la mañana.
Grítalo mujer tejida
entre el mar y la montaña.
los que te dicen qué hacer
son los que te destejen.
Verde cielo, verde ramas
beso romance de Lorca.
Verdes pañuelos pulseras
collares pañuelos verdes.
Verdes por todas partes
mujeres verdes en llamas.

Treinta mil

No son treinta pesos, son treinta años
dicen las voces que no tienen más de veinte.
Los monstruos mansos
no rugen
solo sacuden la cabeza
y espantan
porque pueden demoler
la eternidad
con un solo estallido de ira
acumulada.
Hastiado
devora las calles
la paciencia
las ciudades
los sentidos comunes
el pavimento.
Intrépido, herido
en el origen marcha
inagotable.
No eran treinta pesos de aumento del transporte
eran treinta años de pulso contenido.
era una gente que llora a Víctor Jara
y no perdona.

Futuro asegurado

Un niño de 11 años es arrastrado por un carabinero
a plena luz del día. El hombre, un hombre grande,
lleva adelante su cometido con la importancia del caso.
El niño de 11 años tiene su cuello desaforado
atrapado en el antebrazo del carabinero que además está armado
con granadas y carabina por si el niño se escapa.
Un niño de 11 años debería estar en la escuela a e esta hora.
Para poner orden el carabinero se lo lleva y lo guarda en un
lugar en donde nadie lo encuentre.
Pero nadie.
Un niño de 11 años no debería andar en la calle
entre disturbios callejeros. Es peligroso.
El carabinero que lo lleva es acompañado por otros cinco carabineros.
Todos bien armados.
Un niño de 11 años tiene un futuro de unos setenta años
El carabinero se lleva el futuro por delante,
se lo lleva arrastrando, pertrechado por si el futuro sale
corriendo.
Otros cinco carabineros lo acompañan para asegurarse
que el futuro sea guardado en un lugar seguro
Donde nadie,
nadie lo encuentre ni se escape.

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