Los ideales de don Quijote

En El Quijote como tema general tenemos la lucha de lo real contra lo ideal, ya que se desarrolla precisamente allí donde el mundo prosaico arraiga con el mundo ideal, hacia el que el personaje se proyecta incansablemente. Don Quijote ante todo representa la fe en algo eterno, inquebrantable, que existe más allá del individuo humano. Totalmente entregado a su ideal, está dispuesto a dar su vida por él, una vida mediante la cual había de llevar a cabo su ideal, había de lograr establecer la verdad y la justicia en la tierra. Él es de humilde corazón, grande y audaz de espíritu, de voluntad inflexible y con una enorme fuerza moral, un entusiasta y un servidor de la idea. Don Quijote no se aferra al ideal tradicional de la caballería, centrado predominantemente en la perfección individual y que había tomado de los libros de caballerías. Si bien al principio de la novela todo parece aludir a esta postura, el ideal caballeresco convencional se va transformando paulatinamente en el sentido de una interiorización y una ampliación. Dicho de otra manera, el ideal caballeresco tradicional se cernía a dos componentes fundamentales: por un lado y sobre todo, a una serie de cualidades morales como valor, prudencia, fidelidad, sentimiento del deber, espíritu de sacrificio, generosidad, honestidad y honradez; y por otra parte, un número de cometidos u obligaciones ético-sociales del caballero como el servicio al prójimo, la protección de los débiles, el respeto a las mujeres y la defensa de la fe y de la Iglesia, es decir, las llamadas virtudes caballerescas, por las cuales el caballero debía distinguirse como individuo único; pero don Quijote tiene además ideales sociales y políticos de mayor alcance que solo en parte quedan cubiertos por el ideal caballeresco tradicional. 

Alonso Quijano toma la decisión de hacerse él mismo caballero andante con el nombre de don Quijote y hacer revivir la caballería andante en su persona, así pues, el primer ideal del libro sería el propio personaje de don Quijote. Se trata de una auténtica misión, puesto que su propósito le parecía convenible y necesario. El mundo de los caballeros andantes se le aparecía en su imaginación con toda evidencia como un ideal y altamente digno de ser imitado. Como un idealista incorregible, pese a las numerosas adversidades y desilusiones, en lo esencial conservará esa fe y el deseo de revivir de vez en cuando otro mundo ideal. La empresa de don Quijote viene motivada por el ideal libresco, literario, pero la literatura no es solo motivo y punto de arranque, sino también el objetivo hacia la cual apunta. En definitiva podría decirse que el propio don Quijote quisiera ser parte de la literatura, puesto que ya desde el principio aspira a la condición del héroe épico. Busca aventuras para crearse con ello fama literaria y para adquirir mediante sus hazañas, la inmortalidad en el arte de la escritura. La situación, sin embargo, se complica por el hecho de que don Quijote confunde la realidad y la ficción, que a los héroes de los libros no los tiene por personajes ficticios, sino por figuras históricas eternizadas en documentos escritos, es decir, por personajes reales del pasado. Él mismo desea verse representado como auténtico héroe en una epopeya y esto se revela desde su primera salida, cuando con vivísimas imágenes se figura cómo un futuro cronista plasmará esta salida por escrito. Su anhelo de realizar con infatigable esfuerzo y autosacrificio el ideal caballeresco transmitido por los libros, hace de él un loco. La locura de don Quijote se pone de manifiesto, sobre todo, porque no se percata de lo excesivo, absurdo y extravagante de los libros de caballerías y cree como un niño en la autenticidad de los estereotipos y de las fantásticas aventuras de los caballeros en su trato con gigantes, encantadores y hadas sobrenaturales; pero cuando don Quijote emprende su aventura lleno de brío, afán de actividad, entusiasmo y confianza en poder realizar sus ideales, es una época en la que el desengaño y un sentimiento de estar a merced de un destino adverso se había extendido en el ánimo general, así pues, sus valores e ideales encuentran una sociedad con un falso sentido de valores, es decir, una sociedad decadente. 

Otro ideal de don Quijote es Dulcinea, es decir, es un ideal amoroso. La elección de Dulcinea como última medida preparatoria antes de la salida se debe a que necesita una dueña y señora amada como requisito del equipamiento básico de un caballero. En la imaginación de don Quijote, Dulcinea se caracteriza en verdad por una perfección absoluta e inmediata. La dama del corazón de don Quijote, a diferencia de las de los libros de caballerías donde éstas podían ser caprichosas, celosas y vengativas, carece desde el principio de toda tacha y de todo defecto. 

En conclusión podemos decir que don Quijote persigue su misión y su utopía, su intención de hacer el mundo más justo y mejor con una fe tan firme e imperturbable, con una seguridad en sí mismo, intransigencia, entusiasmo y optimismo que, puede decirse que idealiza el ideal caballeresco de sus amados libros. Todas las eminentes cualidades morales, sociales y de elevada espiritualidad hacen que acojamos con respeto estos ideales. Don Quijote desea solo lo bueno y se exige a sí mismo y a los demás, posturas éticas muy rigurosas. Él tiene proyectos, metas y sueños, en una palabra: ideales y realiza ímprobos esfuerzos por superarse que le confieren grandeza. 

Escrito por

Nací el 29 de enero de 1988 en Tbilisi (Georgia). Desde pequeña me apasionaba la lectura y acabé estudiando Filología hispánica. Tengo publicados dos libros “Diccionario etimológico de nombres y palabras bíblicos” (2008) y “El “catálogo de las lenguas del mundo” del abate Lorenzo Hervás Panduro y los caldeos-kartvelios de Zenaare” (2014).

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