Reseña: «Figuras de la excepción en la China antigua» de Albert Galvany

Título: Figuras de la excepción en la China antigua.
Autor: Albert Galvany.
Editorial: Trotta.

Al acercar el oído a las notas, uno puede apreciar las formas del músico: su pulso firme, sus pasos pensativos o cómo ladea la cabeza en su abandono. Con la suficiente destreza, se adivina con facilidad la ciudad en la que nació, o la capital en donde trabaja, los paisajes por los que caminará para inspirarse. El maestro Xiangzi vigilaba cómo Confucio dejaba sus dedos una y otra vez sobre las mismas cuerdas de una cítara. Aunque el tutor le insistía que cambiara de canción, él seguía dejando sus dedos una y otra vez sobre las mismas cuerdas de una cítara. No dejará de hacerlo hasta intimar con el autor de la melodía. Así, como si fuera un amigo íntimo, sabría los motivos de sus acciones, su historia.

Con cada fraseo, Confucio vio acercarse la visión del músico. Avanzó hacia su conciencia un hombre alto, de piel negruzca que parecía mirarlo todo desde arriba. Sus gestos y su mirada revelaban la profundidad de su pensamiento, la solemnidad de los ritos y el protocolo. Entonces, dejó la cítara a un lado y gritó su descubrimiento. ¡Se trataba del rey de Wen!

El método policial del sabio no se limitaba a las tonadas. Se podía aplicar a cualquier expresión humana. El lector enamorado de las palabras de un escritor podrá ser testigo de esta declaración. Al leer una y otra vez las mismas líneas, se intenta invocar la presencia del autor. Incluso, si dedica a perder el tiempo en destejer literaturas, avistará el origen del texto, lo que lo motivó. Una mujer, un muerto o una flor. Puede que ahora, leyendo esto, se haya dado cuenta del verdadero motivo de su pasión lectora.

Por fortuna, nadie releerá estos párrafos. Así nunca verán a un hombre delgado y largo, doblado sobre una mesa, durante una bella y soleada mañana del día de Navidad, teclear frente a una pantalla tan blanca como la nada solitaria de la que pretende huir en vano.

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