Poemas de Randall Roque: Cómo escribir como Watanabe

Cinco poemas del escritor costarricense Randall Roque:

DEL AMOR DE LOS EXCESOS
De amor está lleno el Nínive
y los túneles del carbón de Lota.
El amor como el exceso de agua
a los desterrados en el Kalahari,
que es veneno más que salvamento.
El amor del que huye la alegría
en vuelo rasante
de vaporosas gaviotas de niebla.
El amor que se recibe y vomita
como una resaca de meses.
El amor, que rebalsa sus delgadas aguas,
que retuerce los goznes de la orquídea
lo mismo que el macizo clavo,
pierde la sensibilidad del olfato del oso
y deja al cazador harto de perdices.
Ahora, la insaciable búsqueda,
las probabilidades de la pérdida,
el errado cálculo del mañana,
la herida exacta del momento,
hacen que el amor perdure
como el aliento de un ciego,
su fino oído, su falso tacto.
Un ciego que recién aprende
el lenguaje de la oscuridad
y conoce los escapes del cuerpo.
El amor, el rotundo e insatisfecho,
como la cabeza rodada del Minotauro,
la helada vista desde la proa
de las serpientes muertas de Medusa.
El amor que chaccha hojas de coca
o trozos paan para alucinar con la soledad.
Ese es el amor de prófugos y exconvictos.
El único que mantiene el paso siguiente
a lo inalcanzable en un laberinto de humo.
Un espejismo de la duda y la respuesta.
La insatisfacción perpetua.
El amor de los desterrados del amor
o de quienes dicen: el amor es un destierro.
De uno u otro se muere.
Aunque solo en su ausencia
se sabe de qué morimos.


MATAR EL PAVO
Hagamos el fuego: Tiramos bombillos plásticos del guaro,
periódicos, revistas porno ajadas, y el fuego se hizo.
Sin pavo. Sin luces. Con disparos como fuegos artificiales.
A todos nos gustaría la carne fresca.
El vino. Estar entre familia. Un pavo delicioso.
Y una mujer o un hombre y nunca nosotros,
que cogíamos para evitar el hielo. Las cobijas rotas y sucias.
Incendiaríamos esta ciudad con toda su gente.
Y el culo de los pavos con salsa chorrearía sobre la mesa.
Hemos visto demasiado para una misma vida.
Sacerdotes pedófilos con dinero para que drogadictos se las mamen.
También policías hincados, borrachos, rodeados de jóvenes ladrones
buscando sexo en las tinieblas. Putas cagando en la boca de pervertidos.
Ah, si sabremos nosotros lo que significa la noche.
Iglesias llenas.
Bares vacíos.
Hagamos el fuego, dijiste,
no comprendías que esta ciudad
arde desde hace tiempo.


DÉJATE HUNDIR
Déjate hundir, nada va a salvarte,
ni los autos caros ni la ropa lujosa;
estarás muerto como un famélico
perro de las calles de Manhattan.
Te arrancarán la carne a mordidas,
en nombre del amor, te arruinarán,
desearán tu muerte como al leproso.
Déjate hundir, no tiene sentido
luchar, dar una brazada y otra
sin tocar la orilla, la última balsa,
el faro perdido en las tinieblas.
Arráncate los labios para el beso,
Arráncate la lengua para santificar.
Estos son todos tus muertos
en el mundo de los solos.
¿Los puedes oír?
Te esperan bestias furiosas
y nada te salvará.
Déjate hundir;
resígnate.


LITTLE RICHARD (TUTTI FRUTTI)
Desde que su padre era un rudo destilador de whisky ilegal y su madre amante del piano, debimos suponer que algo gran-de, con nombre pequeño, vendría junto al espíritu de las ma-deras destiladas. Para que Little Richard fuera el Predicante Rey del Rock & Roll, Rhythm & Blues y Soul, primero tuvo que ser negro, homosexual y plagiado en la radio «para blan-cos». Tuvo que beber el fermento de los bares, tugurios y es-quinas con orina de cervezas. Vaciar sus ojos sobre la carne oscura y hundirlos más en maquillaje. Tomar su camisa de franela y dar a tumbos con su exilio pentecostal. Escuchar a Elvis y soportar el aplauso blanco a los ritmos negros. Caer en llamas de un bimotor, expulsado de la mirada del cielo. Lanzar al río Hunter cuatro anillos de diamantes. Consumir drogas enloquecido, coger en colchones sucios de Macon hasta Nueva Orleans y vender biblias a domicilio. Sin nada de esto, Little Richard, no hubiese sido tan grande. Y todo, se lo debemos a buen fermento de las maderas del whisky, y a un piano.


CÓMO ESCRIBIR COMO WATANABE
Para escribir como Watanabe
debés ser un herrero japonés,
convocar los espíritus propicios
para un poema favorable.
Durante días, semanas o meses,
forjar la idea en la observación
que ingresarás en el "tatara" de barro,
tres días y tres noches quemarás
carbón vegetal junto a arena ferrosa
hasta que idea e imagen
formen el tamahagane.
Las esquirlas del acero,
los escombros del poema,
se reservan para las partes
más blandas de la hoja.
Fragmenta el tamahagane al calor,
martilla hasta transformar en láminas
muy finas sin impurezas en su forma.
Con las mejores láminas del acero,
construye el kawagane y el hagane,
para fundirlos superpuestos en fuego blanco.
Recalienta. Repercute.
Aplana y alarga la hoja.
Corta como a un pez desde su boca
y repliega su esternón sobre sí mismo,
hasta que las escamas del acero
sean una con el pez y viceversa.
Corta el poema en todas sus partes,
separa la observación de la idea
y funde en un bloque del acero más puro.
Golpea. Martilla. Funde.
El grosor es la distancia
entre la idea y la emoción,
entre lo observado y la palabra.
Su distancia debe ser milimétrica.
Su espesor: exacto y molecular.
La hoja debe forjarse
en una o varias direcciones
hasta obtener un hada perfecta.
Un herrero japonés, un Watanabe,
repliega el kawagane en forma de U
e inserta la barra de shingane y golpea
el fuego amarillo hasta que ambos se funden.
Es entonces cuando el poema
se sumerge en el agua
y de sus vapores surge una katana.


Sobre el autor:

Nacido en Cartago, Costa Rica. Ha publicado los siguientes libros: Cuando las luciérnagas hablan (Cuentos, 1998), Itinerario de los amantes (Poesía, 2003), Amores domésticos (Fotopoemas, 2009), Estrellas de madera (CD: poemas italiano-español, 2007), Las Lunas del Ramadán y otras alegorías (Libro heterogéneo, 2011), Los alegres somos más (selección poética 2003-2012), Alguien llama a tu puerta (Cuento, 2014), Isla Pop (Poesía ilustrada por Carlos Tapia, 2015), Contracultura (Perú, 2017), Desplazados y Adictos (España, 2020), El diablo vuelve a casa (Nueva York, 2020), Bestiario –Amargo Animal- (Perú, 2020, Hago la herida para salvarte (Nueva York. Edición bilingüe: Español-Inglés, 2020).

Primer lugar en el Concurso Letra Joven de Costa Rica, 1998. Primero lugar Certamen Brunca de la Universidad Nacional de Costa Rica, 2004. Primer Lugar en el Premio Internazionale di Poesia Castello di Duino, 2007, reconocido por la UNESCO, la Presidencia de la República de Italia y otorgado por el Príncipe Carlo Alessandro Della Torre e Tasso en el Castillo de Duino. En el 2017, participó en el Festival Internacional Primavera Poética (Perú). V Encuentro Internacional de Escritores en el Bío Bío, Chile (Entre Culturas, 2019), Festival Internacional de poesía en Bangladesh, 2020. Ha sido incluido en antologías en Italia, Macedonia, Argentina, Nueva York y Costa Rica.

Escrito por

San José, Costa Rica, 1997. Cursa la licenciatura de Filología española en la Universidad de Costa Rica, donde también realizó estudios en Filosofía. Se ha desempeñado como editor literario para instituciones como Editorial Estudiantil UCR, CulturaCR.net y Editorial Nueva York Poetry Press. Ha participado en diversos festivales de poesía como el XVI Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, el Festival Nacional de poesía en Turrialba, Costa Rica 2019 y el IV Festival de Poesía de Fredonia, Colombia. En el 2017 fue ganador del Certamen de Poesía joven organizado por la embajada de Estados Unidos en Costa Rica y en el 2018 obtuvo el primer lugar en el Certamen Nacional de poesía joven organizado por la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA) con su libro Principio de Incertidumbre, posteriormente publicado en el 2018 en la ciudad de Nueva York bajo el título de Entropías. Como investigador ha representado a Costa Rica en múltiples congresos de literatura en España, Perú y Centroamérica.

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