Fábula de Polifemo y Galatea

El relato de los amores de Acis y Galatea, amores contrariados por los celos de Polifemo, es esencialmente una historia de amor y fue este aspecto el que atrajo a todos los que la imitaron, incluyéndose entre ellos Góngora. La leyenda de Polifemo podemos reducirla a tres temas principales aparte del amor: el tema de la abundancia rústica, el del mar de añil en el que se bañan las ninfas y el de los navegantes fabulosos. Era todo esto lo que constituía, hacia 1612 o 1613, el paisaje poético en el que se movía la imaginación de Góngora. La historia del cíclope enamorado es un drama de tres personajes: Polifemo, está enamorado de la ninfa Galatea que lo desdeña y concede sus favores al joven Acis; arrebatado de celos, el cíclope aplasta a Acis con una roca. Este esquema tan simple lo podríamos encontrar, más o menos diversificado y complicado en multitud de obras literarias de todas las clases. 

Tanto en Ovidio como en Góngora lo esencial lo constituye el amor, pero lo que en Ovidio no es más que una manifestación bastante elemental, convencional y casi vulgar del corazón humano, se convierte en Góngora en un sentimiento asombrosamente profundo y diverso, enriquecido con toda la experiencia acumulada en el transcurso de los dieciséis siglos que separan las dos obras. Por más que los personajes sigan conservando su máscara antigua, ya se han evadido del mosaico romano. 

Tradicionalmente el personaje de Acis es el menos interesante de los tres y en Góngora también queda en segundo plano con relación con los otros personajes, pero sus rasgos se precisan y su belleza cambia de naturaleza: su aparición en el poema nos lo muestra cubierto de polvo y sudor cuando va a refrescarse a la fuente al borde del cual descansa Galatea. Este detalle, que sugiere tradicionalmente el viril ejercicio de la caza, está confirmado en los versos de Góngora, donde se insiste especialmente sobre su vigor y su belleza varoniles. Aquí la elección de los adjetivos son muy significativos, ya que Góngora se esfuerza en definir un tipo de belleza masculina a la vez sano y natural-, detrás de estas descripciones puede haber el eco del menosprecio de la Corte y la alabanza de aldea. Es evidente que Góngora quiso situar a Acis, no ya en el polo opuesto a Polifemo, sino a igual distancia entre la barbarie del cíclope y los encantos sospechosos del cortesano afeminado, esforzándose en hacer de Acis el dechado de la belleza viril y el digno compañero de Galatea.  Por su parte, el cíclope es a primera vista tan enorme y terrible como en el relato de Ovidio: la caverna tenebrosa en donde encierra sus rebaños, sus cabellos negros semejantes a un río infernal, su talla, su fuerza y su poderoso aliento que encrespa el mar y estremece la selva cuando toca la zampoña, todo concurre a hacer de él un monstruo conforme con la tradición antigua e incluso más impresionante aún. Sin embargo, al compararlo con su modelo se observan cambios reveladores: mientras en Ovidio era grotesco y odioso, aquí se le humaniza. El cíclope ya no sirve exclusivamente como de contraste con la belleza de Galatea, ni de enemigo detestable de sus amores, sino que se convierte en el amante desgraciado cuyos sentimientos son tan intensos y tiernos como los de los otros personajes. 

Asimismo, en el poema tenemos minuciosamente descritas las primeras palpitaciones de un corazón que se abre al amor, ya que así Góngora elimina cualquier elemento dramático. Hay una intensa voluptuosidad perceptible desde las primeras estrofas: cuando Acis ha depositado su ofrenda a los pies de Galatea, cuando ella aún no se ha despertado, la penumbra del seto se anima de repente y una ligera brisa agita impalpables cortinas, sugiriendo ya el próximo himeneo. Las imágenes se hacen más atrevidas, las evoluciones más sensuales y lo que en un principio era tan solo incitación vaga, sugerida discretamente, se convierte de repente en un cuadro de audacia asombrosa fugazmente entrevisto a través del velo de la alusión mitológica. Aquí podemos pensar que una de las razones que podrían haber movido a Góngora a escribir el Polifemo podría ser: la razón de que tales atrevimientos se expresaban con más facilidad a través de la ficción mitológica, ya que el recurso de la libertad del paganismo lo hacia más plausible. Esta discreción de la que se hace prueba en el momento en el que se abordan temas delicados, no se limita al arte de dejar entender más de lo que dice: por encima está la habilidad de la creación de un lenguaje poético nuevo, más rico y sutil. El amor no triunfa solamente en Galatea, lo hace también en Polifemo, al que humaniza y civiliza. A Góngora no le es posible modificar la tradición hasta el punto de evitar el desenlace fatal, pero lo acorta al máximo, como si hubiera querido reducir y casi eludir la nota trágica: la transformación de Acis en arroyo es instantánea, mientras que en Ovidio está minuciosamente descrita y su llegada al mar cobra finalmente el sentido de una victoria y de un triunfo, aunque sea doloroso, del Amor sobre la muerte. 

En conclusión podemos decir que Polifemo nos muestra a un Góngora atraído por una serie de temas (el amor, el mar, las navegaciones) y que al abordar la leyenda del cíclope emprendía una reelaboración del tópico y al limitarla, simplificarla y estructurarla crea una obra completamente nueva.

Bibliografía:

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