Susurros de Gea (Vol III): Emily Granados

Para finalizar esta colección titulada Susurros de Gea, presentamos a la poeta Emily Granados quien logra unir la educación con la poesía. Pero su mayor logro, personalmente hablando, es realizar una poesía cargada de fundamentos metafísicos y antropológicos sin caer en un lenguaje complejo. Los versos que aquí leemos son solo un ejemplo de las composiciones que Emily puede presentarnos, porque de alguna manera, ella sintetiza las ocurrencias y necesidades humanas en lo complejo de la existencia. El amor y el desamor, los vicios y el pecado, la virtud y la esperanza. La crítica no es solo social, sino también hacia la propia historia personal de cada uno, hacia la memoria, hacia el quehacer sin nombre. Porque no hay poesía anónima en los cuerpos versados de Emily Granados. Hay la posibilidad de encontrar más aristas y posibilidades en los poemas de ella, porque la reinterpretación personal se comparte en la lectura.

Por ello, con gusto presentamos las composiciones de Emily Granados en esta muestra de poesía mexicana contemporánea. Un espacio que logra mostrarnos un nuevo estilo poético que logra cautivar desde la crítica, propiciando diálogos sin necesidad de sonidos. Espacios visibles de poesía que reclama, ama y critica, pero que transforma, restaura y sana.

Emily Granados (México, 1994). Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM, es actriz y narradora oral. Actualmente es tallerista y profesora de secundaria.

Dirección

Si usted quiere saber
sobre el aire viciado y sin calma…
¡aquí! Por eso nos ve hundidos sobre baches
prolongados y porosos
tener tiempo es lujo y pecado,
intimando en la ciudad
que se expande como fuego
estamos llenos, llenitos de cosas
acumulando….
reconstruyendo un pasado,
todos los días
acariciando la fantasía
letárgicos, con formatos y contenidos,
somos un síntoma de la empatía debilitada
estamos abrazados por la costumbre
del ulular impersonal de algún viento
o detrás de cada puerta,
en algún inmueble observado por los ojos
de todos los cielos americanos
transeúntes, descubriendo la fragilidad
en un clic …
la casa es América y nosotros el ombligo,
estamos aquí
arribita del culo del mundo

Miedo

Aquí, todos tenemos nuestra única e irrepetible visión del mundo
hacedores delicados involuntarios,
somos, sin ensayo, soy yo,
la que está empalmando sus miedos acostada
en la penumbra de una cima,
desnuda, vacía, oscilante viento la aviva
como un fueguito en secreto para mí
mis pestañas danzan pero no veo a nadie,
no hay nadie, estoy sola.

I

Sobre palitos de madera con restos de dulce
están prendidas mis inseguridades de cuando niña…
Y las calles oscuras
y mi papá que no volvió
y mi abuela muerta
mis pantalones bombachos
eran seguros cuando me creí niño sin saberlo
y el síndrome de Opitz
y los borregos descuartizados por el abuelo.

II

En bolsitas de regalo diamantina las ansias de los deseos,
el paso acelerado del tiempo
¡Ay el paso acelerado del tiempo!
que luego quise frenar,
frustrada, frustradisima sin entender
¿qué cosa era el momento?
Tenía prisa de los veinticinco y del andar suelto,
de todo lo que nace y reclama su cauce
sentía que el mundo era nuevo y la nueva era yo,
hilvanada por mi voluntad,
por encima de todas las voluntades.

III

Dentro de mi nariz de payaso
acomodaditas por edades las pesadillas,
las caras de los que mi familia mato sin saber,
las luces de las ciudades
que he visitado por vez primera y un día,
como todo lo que no se repite la muerte,
mi propio panteón que se expande como fuego
y toda la incertidumbre
que deja el caminar del monstruo tricéfalo, tiempo.

IV

Ahí en la cima,
sola en cada borde de la piel,
en cada exhalación,
llorando y amando con los miedos dentro,
lo aventé todo al vacío negro
que genera energía en otro espacio
en el mismo acto que lo saqué de la tripa,
lanzado lejos, me lamí la herida como animal,
plácido en la noche casi aullando,
ya no era ni iba a ser,
estaba y únicamente,
estaba, sola en una cima invisible,
invisible al ojo humano.

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