Ocho poemas de ocho poetas

Mujer gitana – Ana Kalandadze (1924-2008)

¿¡Y qué mujer!? Para llevarla de la mano…
¿¡Y qué ojos!? Llenos de rayos de fuego…
Mujer gitana, comparable a las estrellas…
La miraron… y alabaron su estirpe…
cuando pasea delante de los marineros,
si le dicen… les increpa a la par…

Con las manos abiertas, a un marinero le suelta:
-¡Bésame, aunque solo sea una vez, Suliko!
Esta pequeña, gran maestra del amor,
¿Crees que se entristece y se llena los ojos con lágrimas?
La mujer gitana, alegre y descalza
sigue paseando silbando por el puerto.

El día era silencioso – Safo Mgeladze (1894-1936)

El día era silencioso, despejado, tranquilo,
tu estabas en el bosque con la figura ausente,
yo pasé a tu lado justo en esa hora,
con los libros en la mano, la mimosa junto al alma.

A tus palideces, sobresaltos, miedos
nos cegaba el mismo sol brillante,
caminabas como huérfano entre sombras de los árboles
y portabas una pena muy grande.

Parecía que te atraían oscuros colores
y perseguías penas sin rostro a alguna parte,
si te veo desfallecer- te acariciaré
¿Morirás? Vendré, te traeré rosas.

Hace tiempo que se apagó el anhelo
y se cerraron todas las cortinas,
moriste y el sentimiento volverá a renacer,
moriste y volveré a amarte.

Aparte de poemas no he tenido otras armas – Mariam Tkemaladze (1890-1978)

Aparte de poemas no he tenido otras armas
los poemas se llevaban el dolor del alma
cuántas cosas del pasado deben ser recordadas
cada poema me obsesionaba cuan novela.

Cuántas bondades y maldades he visto
todo aquello deja su impronta en alguna parte
los poemas realmente revelaban aquello
que en mí murió y renunció de nuevo.

Por desgracia, mi generación poco a poco se marcha
y pocas veces coincido con mis semejantes
no me asusta la niebla del fin y el ocaso
a mi vejez combatiré con mis poemas.

La más bella – Makvala Mrevlishvili (1909-1992)

Eres la más bella,
la más buena,
¡No te enfades tan a menudo,
pequeña madre!

Quiero que siempre
te rías con dulzura
Quiero que te traten bien,
se lo diré a padre.

La que me cuida,
me mima y me consiente,
ahora yo seré
la que te proteja.

Si antes era pequeña,
necia y terca,
ahora he crecido,
ya no te aflijas.

Te escucharé,
seré obediente,
ya no fatigues tu frente
con preocupaciones.

Si me hago daño,
con mimos me curas,
¡Ahora besaré yo
tus ojos hermosos!

Dirán – Mari Abramishvili (1922-2008)

Cuando muera, dirán:
se acostó, llenó la tumba.
¡Murió! Ya no forma parte
de aquella lista de cuatro.
De todas formas
¡¿Cuánto soportó el ruido de este mundo?!
Cuando muera, dirán:
Se acabó y descansa,
con todas las desgracias que vio,
pero no dirán las lenguas aquello de:
¿¡Quién era ésta!? Por fin ha muerto,
se fue, quedamos nosotros.

Cuando muera, dirán:
ha dejado poemas,
que son flores de Alpes,
no basura del valle;
si subes, los alcanzas, los coges-
con placer te inundará la tristeza.

Cuando muera, dirán
(¡No dirán nada!):
las balas que disparaban a las nucas de la gente
ella les enseñaba el pecho,-
puede que digan la verdad,
puede que… ¿cuenten mentiras?

A veces – Lili Nutsubidze (1927-2002)

A veces la tristeza inunda los ojos,
y es imposible retener el llanto,
que no te asusten las noches en blanco,
mientras tengas madre no tengas miedo.

Si la avalancha borra el color
y el frío invernal nieva sobre tus hombros,
no te aflijas, qué se le va a hacer,
el corazón de la madre volverá a calentarte.

Que no te asuste el resplandor del rayo,
el rayo solo vence a los árboles sin raíces,
mientras tengas madre eres fuerte,
mientras tengas madre, nada podrá vencerte.

Soporta penas y consuela,
la madre es el don de la vida,
mientras tengas madre, tú serás feliz,
mientras tengas madre, no tengas miedo.

No viene nadie- Nino Tarishvili (1904-1990)

Soplan melocotones de viento,
la luna abre sus ojos de miel.
Oigo la triste queja del viento
y le robo el aliento.

Los pensamientos cambian de color rápidamente,
mis ojos miran la lejana espera.
¡Oh, en ninguna parte se ven los ojos azules!
¡No viene nadie, no viene nadie!

¡Dejaré los libros! Dejaré el cuarto…
con los pies descalzos toco lo verde,
fuera a la hierba adornarán las gotas,
las hojas se llevan toda la tristeza.

El soplo mueve las flores junto al arbusto,
nadie en este mundo podrá tocarme.
La luna se tapa con hilos de plata,
yo me entrelazo con el esqueleto de la muerte.

Al sol le quitaré los templos del reino,
no tengo miedo ni al viento ni a la angustia,
solo me asusta el que porta melocotones en su sonrisa,
¡No viene nadie, no viene nadie!

A quien puede amar- Medea Kakhidze (1930-2015)

Por aquella mujer, por aquel hombre,
cuya vida es toda recta,
por aquellos que no tuvieron suerte,
y aún así les queda alegría.

Por aquellos que están solos en el mundo,
rechazados por sus amores
y aún así son capaces de seguir amando.

Por aquella mujer, por aquel hombre,
cuyo canto es del todo triste,
por aquellos cuyas alegrías se apagan,
pero las sonrisas ajenas les son alegres.

Por aquellos que lloran,
cuyo sol y bondad son fuertes,
por aquellos que las grandes afrentas
perdonan magnánimamente.

Por aquellos que se alegran-
sean bosques o sean valles,
por aquellos que son incapaces de separarse
de los colores de la patria nuestra.

Por aquellos por los que las rosas nunca florecieron
y aún así están llenos de esperanzas,
¡Loado sea aquel ser humano,
que a pesar de todo puede seguir amando!

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