Canserbero: UNA FLOR EN EL PANTANo

“Cuando era joven, tenía mucho miedo de morir, pero ahora pienso que es un arreglo muy muy sabio. Es como una luz que se apaga. No hay mucha razón para hacer escándalo”.
Ingmar Bergman


Es una verdad que Tyrone González, más conocido en el mundo del rap como Aka Canserbero[1] (sic), cantaba con un nudo en la garganta, es decir, con la rabia, sinceridad y pasión de un preso que agoniza y llora cada noche en su celda antes de ser condenado. Sentimientos reprimidos e íntimos que canalizó desde temprana edad por medio de la música, cuya temática fue, sin duda, sus dramas personales como la muerte por cáncer de su madre; el asesinato impune de Carlos, su hermano medio; la situación de pobreza que vivió en el barrio Las Ánimas uno en Maracay, Venezuela, y un par de accidentes más que lo transformaron en un artista hip hop doloroso, sincero y crudo.

Es dentro de todo el repertorio de sus canciones que se sienten estas duras experiencias de vida, que semejante a cristales rotos, rompen el espíritu de quienes siguen su rítmica y se identifican con su mensaje. Un efecto que puede ser genial o nocivo, según se interprete, ya que para profundizar en sus canciones, Cancerbero hecha mano de ideas literarias, filosóficas y religiosas, que ha extraído de sus lecturas nocturnas, y que contienen grandes cargas semánticas de verdades no aptas para todo público.

Por ello, es que antes de los veinte años de edad (y hasta los veintisiete cuando falleció), se enfermaría de angustia existencial, malditismo, si es posible decirlo de otra manera. Sentimiento que aqueja a millones de jóvenes que tratan de encontrar su propósito en la vida, y que Canserbero saborearía al descubrir la “mortalidad”, luego de ver la muerte de frente a los nueve años de edad. En la canción Hoy voy a mí a dúo con Black Kamikaze, diría:

“Maldita muerte está en todas partes, me ve de frente en el espejo, en la ventana del carro, en los sueños presente, estoy consciente que tengo una cita con ella pronto, pero mientas pueda iré por lo mío sacando rostro”.  

Así es que con plena conciencia de la brevedad de la vida, se propone expresar en el presente y para el porvenir, verdades que ha encontrado y que podrían despertar existencialmente a los hombres. Misión propia de los profetas de antaño que se erigen de tiempo en tiempo y que Canserbero, como un extispice, y a través de su música, osa revolver las entrañas de la sociedad para exponer la decadencia, mostrar la corrosión que puede llevar a la extinción y augurar un futuro desalentador para la humanidad. En esta primera etapa se impregna de la filosofía derivada de las películas de Ingmar Bergman y los trabajos del pintor español Juan de Valdés Leal, de donde extrae el slogan “Ni menos, ni más”, y configura los principios motores para su incipiente estilo lirical. En la canción las Ánimas expresa:

Hay que prevenir una guerra, ahh!
al parecer no pueden mantenerse en paz
los habitantes de la tierra,
las aves cantan sus augurios, observando los soberbios
desde los turbios cielos del suburbio….
Crujen los cielos, se mueven los subsuelos
y el astro gira raudo por el cielo como turpial mensajero,
se escribe nuestra historia en una piedra del Olimpo,
hablan de nuestra luchas entre el alma y los instintos.  (Las animas)

Y así es que Tyron concibe un mundo imperfecto que solo puede salvarse, si el amor, que es una perfecta imperfección, interviene. Paradoja que se entiende en la figura de un hombre que juega contra un ajedrecista (el destino), a sabiendas de que va a perder la partida, porque la muerte está tan segura de ganar, dice, que de ventaja te da una vida (El primer trago). De ahí que el venezolano conciba la morte como una vida invertida, o el amor, como el sentimiento que apareció para hacerle frente al odio que era análogo y reinaba entre los hombres.

El segundo slogan que adopta para continuar esta misión entre la humanidad es “All we need is love.” Una idea que explora y configura en el álbum Vida (2010),  que por demás, tuvo mucha resonancia en canciones como: “¿Aceptas?”, “Martillos y ruedas”, “No justice”, “Hace falta soñar”,  entre otras, y que todas resumidas cuestionan el Carpe Diem de Horacio: “¿Y la felicidad que?”:

Si lo estudiamos notamos que el amor está en segundo plano
Excepto el amor por lo que tengamos claro
Como el carro, la casa y toda esa “paja”
Que no nos podremos llevar
Cuando durmamos en la caja y es que…
Esta vida…
(All we need is love all we need is hope)
Es un ratico si… Aprovéchala…
Vívela, vívela…
(All we need is love all we need is hope)
Es un ratico si…
Aprovéchala…

Luego, desde un hecho sumamente insólito, entraría a otra etapa más sombría aún con la frase: “All we need is hate”, que impregnaría el estilo, la composición de las letras y su forma hostil de dirigirse hacia la vida y al entorno inmediato que le tocó vivir.

Señores, señoras frente a los televisores. Welcome a otro show del Can que hace que falsos lloren. Será mejor que corran cuando con un disco salgo. Y todos pegan carrera como los galgos. Presencien la segunda bajada de Cristo al mundo terrenal. Primero como humano, ahora como Hip Hop real.

Canserbero usa la música como un medio para lograr este fin, aunque sepa, a conciencia, que nadie quiere oír la verdad. Esa verdad que en realidad es una mentira, y que no es algo sino tan solo un lente para ver las cosas. Por eso está dispuesto como un Zacarías a ser sacrificado en el límpido altar de mármol del establecimiento. De ahí que algunos seguidores (fans) en la red, lo igualaran a otras personalidades espirituales como Maitreya, Jesucristo, Mahoma, Nostradamus, Vinoba Bhave, sin que por ello Tyrone profesara alguna religión, sino antes bien, como lo expresan sus letras, fuera un ateo declarado que en algún momento de su vida prefirió La odisea de Homero al Libro Santo. Líneas como estas son una clara muestra de ello:

“…no creo en la biblia sino en razonamientos lógicos” (Mucho Gusto); y: “Él solo logra orinar sobre un cede comercial. Sobre biblia o sobre el discurso presidencial” (Enfermo).

Así, ni más, ni menos, Canserbero era lo que recordaba. Un esgrimista del verbo que se hizo sentir en la existencia, cuya única culpa, parece, era haber nacido, y de ahí su constante diatriba de la vida con la muerte (y viceversa) en sus canciones, que lo convirtieron en un joven vibración, es decir, en un artista para el cual no existe el público, ni aún el mundo, sino su mundo. Por eso componía temas para sordos, para oyentes que no podían reconocer sus densos argumentos o que se inmunizaban por temor a encontrar en tales verdades rimadas un crudo destino que atañe a todos: la vida como farsa, la muerte como realidad, la hipocresía como norma social.

Su mundo musical, compuesto por cinco o seis álbumes grabados en vida, y uno que otro tributo póstumo como ResurrecciónCanserbero +18Dos mil siempreCanserbero eterno y Margarita en vivo, era una crítica al teatro de la existencia donde cita innumerables autores universales, pensamientos, sistemas, filosofías y dogmas. La lista de nombres, ideas, hechos históricos y más, es extensa, pues parte de los presocráticos, menciona a Jesucristo, a Buda, a Satanás, recurre al blues primitivo, critica el chavismo más recalcitrante, y defenestra el trap más insípido como moda cultural.

Letras extensas e intensas como un amor y un tributo a la inmortalidad. Tyron era un mundo para sí mismo, emplazado en lugares solitarios donde prefería y gustaba componer. Así prefería una noche en compañía de un poemario de Neruda, en vez de una fiesta en Petare, o en un lugar céntrico de Maracay. Escribía como un poseso, y cantaba como un escatológico.

Admirador del rap norteamericano del West Cost/ East Cost, y del hip hop latinoamericano en artistas de la talla de Mexicano 777, Tempo, La Colonia, Tiro de Gracia, Cypres Hill, y otros, desea estar en el panteón de los grandes del género. Por eso honra la tradición y los emcee (MC), ya que entiende que la clave de la grandeza está escondida, entre la sencillez y el respeto.  Actitud mental, que entre otras cosas, lo llevó a cantar al lado de autores modernos como Randy Acosta (Cuba), Rapsusklei (España), Mala Rodríguez (España), César López (Colombia), Liana Malva (Venezuela) Aniki (España), Rapper School (Perú) y, literalmente, con decenas de personas más, actitud que además lo posicionó en el mercado y entre un público sediento de buen rap, o al menos, de ese estilo que se creía extinto desde los años noventa: el underground, hardcore, progresivo, y otras modalidades que se habían extraviado en la moda del reguetón y el trap comercial de inicio de siglo.

La pelea con el mundo y la defensa de su arte no era lo único que reclamaba ante la sociedad o frente a su generación, sino que se esforzaba por crecer, florecer y llegar al punto Omega del hip hop. Destino al que parece haber llegado, pues cuando la divinidad le hizo un signo indicándole su partida, dejó entre letras los pasos a seguir para reconocer su muerte cuando fuera hora. Mensaje puesto en los temas: “Es épico”, “Como lo quiera llamar”, “Voy a mi” y en el 70% de los letras originales compuestas por él, donde detalla cómo iba a fallecer. Hecho evidenciado con la caída desde un décimo piso el 20 de enero de 2015; la imagen de su cuerpo inerte conserva cierta ironía socarrona. La vida y la muerte de Tyron José González Orama, más conocido en el mundo del Hip Hop como “Canserbero”, está en sus canciones, porque solo se puede ser culpable, admirado o respetado por las cosas que se han hecho voluntariamente.

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